Violeta Borruel recupera la historia de “Las golondrinas” con un ballet que se estrena en NOCTE

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Violeta Borruel, con la camiseta rosa, en los ensayos de su montaje (Foto: Angel Gayúbar)

En los albores del pasado siglo XX fue una estampa habitual en los rincones más insospechados de España: un grupo de mujeres chesas de edades diversas, algunas de ellas muy jóvenes, recorriendo a pie el país desde la cordillera cantábrica hasta las costas andaluzas vendiendo lo que llamaban “te de Suiza” -que, en realidad, eran unas hierbas para infusión que pasaban de contrabando de Francia- ataviadas con el traje tradicional de Ansó. La imagen cautivó a numerosos artistas y escritores de la época y ha quedado fijada, por ejemplo, en una serie de grandes cuadros realizados por un Sorolla en plenitud y en el apogeo de su fama –sirviéndole también de inspiración para su panel “Aragón. La jota” del monumental conjunto “Visión de España” que le encargó la estadounidense Hispanic Society- o en una obra de teatro escrita por Pérez Galdós ambientada en este valle pirenaico, que –como el propio Sorolla- visitó atraído por la historia de sus mujeres trashumantes, y en la que dos de sus protagonistas actuaban sobre las tablas ataviadas con las vestimentas ansotanas.
Pero la historia de estas ansotanas trascendía de sus rutas comerciales por la España decimonónica para ayudar a la economía familiar ya que, en un fenómeno histórico y social conocido como “las golondrinas” por la periodicidad de su llegada en otoño y partida en primavera, fueron muchas las mujeres que durante décadas cruzaron el Pirineo desde los valles navarros y altoaragoneses para buscar trabajo en ciudades del sur de Francia. Las chesas, en concreto, iban a trabajar en estas migraciones estacionales a las fábricas de alpargatas de Mauleón en unas condiciones durísimas pero que les garantizaban un muy necesario salario y de esas hégiras queda recuerdo oral, documental y gráfico en Ansó donde han habilitado una llamada “Ruta de las golondrinas” que recuerda estas singladuras económicas marcadas por la necesidad.
Partiendo de esta realidad histórica, la bailarina y coreógrafa oscense Violeta Borruel está trabajando en un proyecto artístico que ha bautizado expresivamente con el mote con el que eran conocidas estas mujeres –“Las golondrinas”- y que aglutina tanto investigación antropológica como una dimensión escénica, conocimiento y creatividad, territorio y gente para recuperar y divulgar la historia de estas mujeres. Violeta ha sido la artista seleccionada por el proyecto europeo ‘Patrim+’ para la realización de una residencia artística en Graus que le está sirviendo para preparar su montaje escénico y traducirlo en un espectáculo que se estrenará en la noche del viernes al sábado en el grausino Festival Internacional de Artes Escénicas NOCTE. En este proyecto cuenta con una socia de excepción, la multipremiada bailarina Elia Lozano, y con la colaboración de una decena de mujeres de Graus de distintas edades, alumnas de los cursos y talleres de danza de Ana Ferrer y Elia Lozano, que participan en el espectáculo.
«la de “Las golondrinas” fue una situación que se mantuvo desde, aproximadamente, 1850 hasta el comienzo de la guerra civil en 1936, iban siempre sólo mujeres y sus recorridos por Francia y España los realizaban exclusivamente a pie, con unas jornadas durísimas, extenuantes», comenta una Violeta Borruel que ha querido con su último proyecto escénico «reflejar las luces y sombras» que le sugieren las andanzas de estas mujeres que, a pesar de las fatigas, pudieron disfrutar de una innegable sensación de libertad totalmente atípica en la época.
La bailarina oscense recrea en su espectáculo la dualidad de estas chesas errantes marcada tanto por el esfuerzo y la dureza del camino, y la de tener que partir de una manera obligada por motivos económicos, como por la libertad y la sensación de plenitud que supone para las protagonistas el poder salir del pueblo y del corsé de las relaciones familiares en una época en que esta situación era excepcionalmente rara. Lo hace con una narración no lineal -que sería difícil enfocar desde un espectáculo de danza contemporánea- con la que, comenta, al modo de una composición impresionista intenta «reflejar lo que ellas debían sentir, con alternancia de momentos de esfuerzo físico y de situaciones duras con otros de alegría por esa libertad que pueden disfrutar». Un proyecto artístico ha despertado un notable interés y que recupera la historia de unas mujeres valientes y decididas.

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