José Lacambra, el último carbonero

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José Lacambra, el último carbonero de Ribagorza (Foto: Angel Gayúbar)

La tercera revolución industrial de la segunda mitad del pasado siglo XX conllevó la pérdida de numerosos oficios tradicionales que, con la maquinización generalizada, quedaron totalmente obsoletos y se hicieron inútiles. La cuarta, en curso, está suponiendo la pérdida absoluta de la memoria de una estructura económica, social y laboral que, mal que bien, había fijado el devenir colectivo con escasas variaciones –y muchas de ellas meramente formales- en los últimos milenios. El desatado vaciado del mundo rural al que estamos asistiendo –y no sólo en España- es la consecuencia directa del olvido de esa manera periclitada de entender la vida. El paso del tiempo va acabando también con las gentes que conservan su memoria y, por eso, sus recuerdos son ahora más importantes que nunca. José Lacambra, de noventa años de edad, es el último carbonero que vive en Ribagorza y su testimonio sobre la manera de hacer un carbón vegetal que llegó a ser imprescindible en la primera mitad del siglo pasado cobra, por ello, especial valor.
-PREGUNTA. ¿Cómo se empezó a hacer carbón en Ribagorza?.
-RESPUESTA. Por lo que tengo entendido, los primeros carboneros que llegaron a esta tierra lo hicieron a comienzos del siglo pasado. Venían desde Castilla, y muchos de ellos desde la localidad alcarreña de Checa. En Perarrúa(localidad natal de José) y los pueblos cercanos las gentes pronto empezaron a tomar nota de su manera de trabajar y enseguida aparecieron carboneros autóctonos. Yo me acuerdo especialmente del señor Mariano, que se instaló aquí en los años treinta y se dedicó al transporte del carbón con caballerías, y del señor Macario, que vivió unos años en El Mon y se bajó luego a Perarrúa. Y de los de aquí, de Mariano Viu, de casa Sorina, de Troncedo, de la familia Pañes, en Aguilar, de Lanau de Caballera, o de Gregorio de Checa de Santaliestra.
-P. ¿Para qué se utilizaba el carbón?.
-R. Tenía numerosas utilidades, pero curiosamente muchas se realizaban fuera de la comarca, siendo aquí su uso básicamente privado, en las casas y para la cocina principalmente. Pero la mayor parte de la producción se trasladaba con camiones hasta Barbastro y desde allí a las capitales y, en especial, a Barcelona. La cantidad de carbón producido disminuyó progresivamente a partir de los años cincuenta con la aparición de los nuevos combustibles y se dejó de utilizar hacia los años sesenta pero hasta entonces se usaba en muchos oficios. Por ejemplo, los sastres y las modistas lo utilizaban para las planchas, que tenían un pequeño contenedor en el que se encendía el carbón de encina carrasaca, que era el que chispeaba menos. Los herreros usaban también el carbón de carrasca para la fragua, que así mismo era el que se empleaba en los hornos de las casas. Para la fabricación de pólvora se utilizaba carbón de pino y los coches de gasógeno usaban el de roble, más energético que los dos anteriores.
-P. ¿Cómo se hacía una carbonera?.
-R. Una vez recogida la leña, comenzaba el proceso de encañado o formación del horno. En primer lugar se iba colocando en forma de cono la leña que se iba a convertir en carbón; cada trozo debía ir situado sobre una losa ya que el contacto con el suelo evitaba su quemado. De forma paralela, se dejaba en el centro de la carbonera un contacto con el exterior o chimenea para facilitar el tiro de las llamas y ya se procedía a la colocación del ramaje fino para evitar la filtración de la tierra que recubriría el horno con un grosor de aproximadamente 20 centímetros. Dependiendo del tamaño de la carbonera, esta operación se podía prolongar entre dos y tres días.
-P. ¿Cuál era el siguiente paso?.
-R. Una vez montada la carbonera, se prendía fuego y se iniciaba la combustión de la madera. La formación del carbón en su interior se realizaba lentamente, tardando –según el tamaño del horno- alrededor de 20 o 30 días en producirse. Pero para que todo llegara a buen fin, la carbonera debía tener unos cuidados permanentes y se debía de alimentar una vez al día. El proceso se realizaba de la siguiente manera: se encendía una primera hoguera para hacer brasa al lado de la carbonera y encenderla. Se ponía entre cuatro y seis paladas de esa brasa en la carbonera por su parte superior, por la chimenea, y a continuación se metían tacos medianos de leña sin quemar para que cogiera fuerza el fuego y hasta que se hiciera la “olla”, algo que tardaba entre uno y dos días. Con posterioridad se llenaba la chimenea y con la “sacagalla” se movía el contenido para que llameara el fuego hacia arriba y comenzara ya el proceso de la formación del carbón. La colocación de tacos en la carbonera se debía repetir una vez al día hasta que se consideraba que ya estaba formada la totalidad del carbón. Igualmente, cada vez que se le daba de comer a la carbonera, se debía tapar el agujero de la chimenea con una losa. Hasta la parte superior accedíamos por una escalera hecha, normalmente, por los tacos sobrantes y para que la carbonera no se apagase y la formación del carbón se hiciese con normalidad, aparte de darle de comer, debíamos realizar una serie de agujeros en su base con la “Sacagalla” para que respirase. Unos agujeros que, a medida que la carbonera iba descendiendo en altura –señal de quee el carbón se está formando- se debían realizar también en la parte superior para que se hiciera el carbón de forma regular en un proceso que se denominaba “cruzar los fuegos”. Y una vez llegado el fuego abajo, señala de que estaba formado todo el carbón, se “levantaba el pie”, es decir, se comenzaba a sacar la tierra de cocción que cubría la carbonera, se limpiaba con el rastrillo y se volvía a “terrar” con tierra limpia o cisco para ahorrar fuego. Se dejaba el conjunto un día y, tras deshacer el horno, comenzaba ya la extracción del carbón sacándolo por etapas: primero un manto (una mano de carbón) y se volvía a tapar y así sucesivamente hasta acabar con toda la producción de la carbonera que solía ser de un veinte por ciento de la leña utilizada.
-P. ¿Qué herramientas se empleaban para la realización de una carbonera?.
-R. Teníamos una serie de herramientas, genéricas unas y específicas otras. Para cortar la madera usábamos hachas grandes y pequeñas, el podón y el tronzador de mano (que podía medir entre metro y medio y dos metros). Para acarrear la leña teníamos una forquilla, que llamábamos la burra, que era una horca de dos puntas en Y y que nos permitía cargar y transportar al hombro una cantidad variable de leña menuda. Las ramas gordas y los trozos de tronco de peso se transportaban de uno en uno, teniendo menos importancia el acarreo con caballerías. Y para encañar se utilizaba una azada, una pala, un palo largo o “sacagalla”, un rastrillo, un rodillo, una pieza triangular con un eje a modo de lanza, y una horca.

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