La recreación de hechos históricos se consolida en Montañana como motor de atracción turística

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Representación del reclutamiento de tropas en Montañana (Foto: Angel Gayúbar)

En este acelerado proceso de despoblación del medio rural y descapitalización de sus procesos productivos tradicionales, una de las escasas vías de promoción económica que les queda a muchos habitantes de esa malhadada España interior es el montaje de escenificaciones y representaciones históricas y pseudo históricas con las que atraer al público urbano y generar una dinámica de atracción turística que es el último clavo al que se pueden aferrar los residentes en un territorio –enorme y desértico- cada vez más olvidado.
Muchas veces son burdos montajes con escasa gracia, pero cada vez más hay una vocación pedagógica y de fidelidad en lo representado en la recreación de unos períodos y momentos históricos en los que muchos de estos rincones ahora marginados tuvieron un evidente peso en el desarrollo de la Historia con mayúscula. Ejemplo evidente de esta situación es el recuperado núcleo ribagorzano de Montañana, sede que fue durante muchos siglos de los caballeros hospitalarios sanjuanistas en el oriente aragonés y villa de gran preponderancia durante varias centurias que, tras su completa despoblación en el último tercio del pasado siglo y un reciente y ambicioso proyecto de reactivación de su conjunto urbano, aspira a emular la exitosa oferta turística de las bastidas del sur de Francia.
Lo hace con la recuperación arquitectónica de un núcleo anclado en plena época medieval –con una monumental estructura urbana civil y religiosa-, pero también con la programación de actividades que dan visibilidad a este proyecto de actuación en lo patrimonial. En este contexto, la Fundación Montañana Medieval, en colaboración con el ayuntamiento de Puente de Montañana al que pertenece, organizaba este pasado fin de semana una recreación histórica con la que los visitantes pudieron viajar al año de 1282, momento en el cual, por mandato real, se reclutan 300 hombres ribagorzanos para la campaña en Sicilia del rey Pedro III de Aragón.
La sanción real de Jaime I, padre de Pedro III, obligaba a los de Montañana a cumplir la ley de huestes y mesnadas para encuadrar tropas con las que afrontar esta campaña siciliana, un momento que se recreaba este fin de semana con diferentes cuadros ante un numeroso público que disfrutó enormemente con una fiel representación de tipos, gentes y armamentos de ese singular instante histórico que supuso el comienzo de la enorme influencia que adquirió poco después el reino de Aragón en todo el Mediterráneo.
Una historia ésta que explicó pormenorizadamente el historiador Francisco Martí en una amena conferencia este domingo ante una numerosa y atenta concurrencia en la monumental iglesia de Santa María, la edificación religiosa que domina el conjunto de Montañana.
Martí abundó en la explicación de los motivos de una documentada demanda real que reclamaba a los tenentes de esta encomienda montañanense el apoyo para una expedición siciliana en defensa de los derechos dinásticos de su esposa Constanza, en la que se enfrentó contra la casa real francesa de Anjou y se ganó la enemistad del papado –entregado entonces a los intereses galos-, la excomunión por parte del papa Martín IV y la convocatoria de una cruzada contra el reino de Aragón que se tradujo en la generalización de una serie de campañas punitivas contra los dominios del aragonés, la invasión del norte de la actual Cataluña y el cerco de Gerona. De todos estos obstáculos supo Pedro III salir airoso, consolidando la conquista de la isla itálica e iniciando así la posterior expansión del reino de Aragón por el Mediterráneo.

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