Por Ana Pascual
Patricia y Eva Mª, residentes en Belsierre y Aínsa, nos explican la situcación en una parte de Kenia donde se han destinado los recursos recogidos en varios municipios de la comarca del Sobrarbe. En su relato cuentan sus propias vivencias, cómo es la situación en esa zona de África y cómo intentan luchar por solucionar problemas que les permitan mejorar su calidad de vida en la medida de lo posible.

El mes de noviembre de 2018 vivimos una experiencia muy especial en la misión de Kaikor, es un lugar situado al norte de Kenia, un territorio semiárido entre las fronteras de Uganda, Sudan y Etiopía. Allí habitan multitud de tribus nómadas con muchos conflictos bélicos entre ellas. Es por eso que las mujeres y los niños principalmente han dejado las montañas y se han adentrado unos kilómetros hacia territorio más seguro, y es allí donde se ubica la casa de las Marianitas Sisters. La misión de las Marianistas abarca a toda la comunidad y da apoyo a todas las necesidades vitales de las personas. Una de las actividades más importantes que vienen haciendo es la Clínica Móvil. Se mueven por el territorio con un todoterreno en el que llevan un baúl con medicación, una mesa, unas pocas sillas y los libros de registro. La clínica la forman una enfermera, dos ayudantes y el conductor. Es un funcionamiento básico y efectivo que sirve para llevar la asistencia médica a puntos lejanos del territorio dónde están los pastores nómadas. La asistencia va enfocada a los más necesitados sobre todo mujeres, niños, niñas y personas mayores. También se han creado en Turkana  gracias a diversas ONGs escuelas donde no sólo se les da educación a los niños y niñas sino que se les asegura una comida al día, agua y asistencia sanitaria. Es habitual que las niñas asistan menos al colegio porque son las que se encargan de cuidar las mañatas (cabañas que se usan como viviendas) y a sus hermanos pequeños, pero en las escuelas de las Hermanas Marianitas se favorece que tanto niños como niñas asistan y tengan la misma educación. Otra labor muy importante es la construcción de pozos, que en un lugar como Kaikor donde hay poquísima lluvia y casi siempre los ríos están en lugares de conflictos bélicos tener agua significa tener vida, significa sobrevivir. El agua de los pozos no solo sirve para beber, sirve para el aseo, para cocinar, para los animales, para  regar las Huertas que están poniendo en marcha y que con los proyectos de agricultura están aprendiendo a cultivar. En la misión de Kaikor también disponen de un centro para niños y niñas malnutridos. Ayudan con becas de estudios a los que no tienen posibilidades, muchas veces huérfanos para que puedan ir a estudiar a Lodwar que está a 7 horas en todoterreno y donde los niños y niñas tienen que quedarse internados. 

Grano a grano se hace granero. Desde el Sobrarbe hemos llevado ropa, leche de bebes, material escolar y 2.707 € de los cuales, 350 € han sido para Akai una niña huérfana de 5 años que se le ha dado la posibilidad de no ser vendida para el matrimonio y de tener un año de educación. Allí las mujeres son cambiadas por cabras y camellos, tantos collares llevan tantas cabras valen. Otros 450 € han sido para pagar un año de formación a Dominic un joven de 16 años primero de su promoción, huérfano, que al no poder pagar los estudios iba a tener que dejar la escuela. El resto se ha dividido en dos partes para pagar el sueldo de un año y medio a un hombre y a una mujer, Cristofar y Nakinomet, para que cuiden de las huertas comunales y enseñen a otras personas la agricultura. En la medida de lo posible también dan apoyo a personas que a pesar de sus problemas tienen motivación para emprender una actividad económica. Este es el caso de Gladys una mujer que ha sufrido abusos y con problemas de alcoholismo a la que ayudan facilitándole las reuniones en Alcohólicos Anónimos en Lodwar y a la que han apoyado dándole los materiales necesarios para crear un puesto de venta de comida casera. Los proyectos en los que se trabaja en el Norte de Kenia, en Turkana, son muchos y muy diversos. Gracias a estos proyectos y al seguimiento que se hace se pueden contratar a personas que se requieren como enfermeras, traductores, profesores, personal para el trabajo de las huertas, seguridad del lugar… A todas estas personas se les da una oportunidad no solo de ganar un sueldo si no también de sentirse útiles y valiosos, de formar parte de una comunidad, de recibir apoyo no solo para ellos sino para también sus hijos e hijas a los que se les da comida, ropa y lo más importante una mirada amorosa y de confianza para empoderarse y seguir adelante.

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