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Javi Soler Calvo

Javi Soler Calvo
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Tras haber vivido en diferentes países de Europa, saltó el charco y desde hace dos años vive en México DF. Aprendiz de todo y maestro de nada. Es blogger gastronómico, adicto a los tacos, cocinero, amante del vino, nostálgico del Somontano y enamorado de Latinoamérica. Su bien más preciado es una bici plegable y siempre tiene la mochila lista para el siguiente viaje.

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Terremoto de 1985. Fuente: Fundacion Unam

Recuerdo estudiar las placas tectónicas en clase de geografía y la angustia que me invadía al imaginarme un terremoto donde todo se movía de lado a lado y los edificios se desplomaban. Sin embargo, al llegar a México y vivir numerosos terremotos o temblores (como dicen aquí) descubrí como los mexicanos, al igual que con otros problemas, son maestros en desdramatizar los males del país e incluso tomarse con humor una situación que podría resultar de lo más angustiosas para otras personas.

La “privilegiada” situación de México entre 5 placas tectónicas, placa de Norteamérica, placa de Cocos, placa del Pacífico, placa de Rivera y placa del Caribe hacen que el país registre cientos de temblores a lo largo del año. Esta incidencia sísmica se concentra en el Estado de Guerrero y cuando tiembla en Guerrero también se siente en Ciudad de México.

La mayoría de los temblores que se dan en México son imperceptibles y aquellos que sí llegan a sentirse no tienen mayores consecuencias. La evacuación de los edificios, aunque no ocurre habitualmente, está totalmente normalizada  y las alarmas acústicas por terremoto suelen ir acompañadas de risas. Más de uno aprovecha la evacuación para comprar un jugo o unos tamales en el puesto de la esquina.

Aunque se tome a broma, no resulta agradable despertarte en mitad de la noche sintiendo la cama temblar o las ventanas crujir. Un temblor que recuerdo especialmente fue la madrugada de un sábado e hizo temblar y crujir toda la casa durante interminables segundos, los muebles se movían y la angustia de las clases de geografía volvió de repente.

Hay un terremoto trágico grabado en la memoria colectiva de la Ciudad de México: el temblor de 1985. Este temblor alcanzó los 8.1 grados de magnitud y tuvo una duración de 4 minutos con un minuto y treinta segundos en su intervalo de mayor potencia. Afectó a 2.800 edificios y según las estimaciones produjo 20.000 víctimas mortales.  La ciudad se movilizó para ayudar a las víctimas y brigadas de rescate surgieron en cada colonia. Todavía hoy se recuerda y cada chilango tiene una historia que contar de ese día.

Desde entonces, mucho ha cambiado en la Ciudad de México, los derrumbes de edificios dieron lugar a una nueva organización urbana, muchos de los nuevos edificios que se construyen desde entonces están equipados con “gatos” que permiten oscilar las construcciones y evitan su colapso, existen alarmas que suenan entre 30 y 60 segundos antes de cada temblor. E incluso hay “apps” que supuestamente emiten una alerta en los celulares, aunque su fiabilidad no está comprobada.

Dicen que al igual que en San Francisco, es cuestión de tiempo, esperemos que mucho mucho tiempo, hasta que llegue otro temblor de los grandes. Los chilangos nos consolaremos sabiendo que aquí tenemos tacos y “mescal”,  y si nos tiene que tocar, como decía Chavela “que el fin del mundo nos pille bailando”.

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Pasajeros en el metro de Ciudad de México. Foto: Javi Soler

El transporte público en Ciudad de México es fundamental para el desplazamiento de los millones de chilangos que se trasladan diariamente de un punto a otro de esta megaurbe (4,6 millones de personas usan el metro a diario). También es esencial para tomar el pulso a la ciudad y conocer una parte importante de la vida de Ciudad de México. Un buen consejo para un visitante es que se aventure a conocer los andenes del metro y observe el camino de las personas que van y vienen por sus pasillos: el godinez (oficinista), el obrero, los estudiantes, los vendedores ambulantes, los ancianos cansados tras una larga jornada… Todos retratan una forma de vida y un estrato social de México.

Jovenes y viejos en el metro. Foto: Javi Soler.
Jovenes y viejos en el metro. Foto: Javi Soler.

El consejo más importante si queremos movernos por el metro de Ciudad de México es evitar la “hora pico”, principalmente se da entre 8:00-9:30 y entre 18:15-19:30 coincidiendo con la entrada y salida de la mayoría de trabajadores. La masificación que se produce entre esas horas es un espectáculo digno de ver aunque no tan agradable de sufrir. A estas hora los trenes se llenan de chilangos que no dudan en empotrarse en cualquier hueco existente. Salir del vagón con ese nivel de hacinamiento es todo un arte y en ocasiones la gente se empuja para ayudarse a alcanzar la salida y no quedarse atrapado en el tren cuando se llega a la estación deseada. El conocido “disculpe, ¿baja en la que sigue?” que se utiliza con extremada cortesía en situaciones normales es sustituido por empujones y riadas de gente que te sacan del vagón si te interpones en su camino.

¡¡Todos a bordo!! Foto: Javi Soler.
¡¡Todos a bordo!! Foto: Javi Soler.
Hora pico en el metro. Foto: Javi Soler.
Hora pico. Foto: Javi Soler.

Cuando hablas de México, siempre surge la misma pregunta ¿Es seguro? Durante muchos meses me moví en metro a diario y nunca tuve sensación de inseguridad, naturalmente esto depende de las zonas. Aunque no lo tengo por algo generalizado, es cierto que se dan casos de hurtos y lo que es peor, agresiones sexuales a mujeres. Este punto es el más preocupante. Como medida de precaución se han destinado los primeros vagones de los trenes únicamente a las mujeres. Este hecho es un triste reconocimiento y un símbolo de resignación de las autoridades ante un problema que en buena parte se alimenta del arraigado machismo de la sociedad mexicana.

No hay que tener miedo, la mayor parte del metro es segura y el billete es muy barato para los estandares europeos (un viaje cuesta 0,25 eur). Cuando no es hora pico, el viaje suele ser mucho más llevadero y transcurre con el ir y venir de los clásicos vendedores que van de vagón en vagón ofreciendo audífonos (auriculares), plumas (bolis), desayunos “nutritivos” en forma azucaradas chocolatinas. Todo ello anunciado con su característico canto y unas detalladas descripciones que harán que un boli bic resulte una herramienta excepcional.

Iconos del metro de Ciudad de México.
Iconos del metro de Ciudad de México.

Otro aspecto único del metro es la iconografía de las estaciones, creada en 1969 por el diseñador estadounidense Lance Wyman con una gran carga visual, que permite que cualquier persona, aunque no sepa leer o desconozca el idioma, pueda conocer la estación donde se encuentra. Conforme la red de metro creció fueron diseñadores mexicanos quienes, respetando el estilo establecido por Wyman, se encargaron de realizar los iconos para las nuevas estaciones.

Más odiado que amado el metro es imprescindible para los chilangos y sea como sea estamos condenados a entendernos con él para movernos por esta gran ciudad.

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Tacos de carnitas. Foto: Javi Soler.

Uno de los grandes placeres de México es su gastronomía, adentrarse en el mundo de la cocina mexicana supone conocer una infinidad de platos y estilos. Cada estado mexicano es un país con sus propias tradiciones culinarias y en cada familia, tienen sus propios secretos para elaborar los platos clásicos.

Los mexicanos son unos auténticos apasionados de la comida y en cualquier momento puede iniciarse una interminable conversación acerca de dónde se pueden encontrar los tacos más ricos, las tortas más sabrosas, el pozole más tradicional o los chilaquiles que mejor te ayudan a curar la cruda (o, lo que es lo mismo, pasar la resaca).

Taquería en México DF. Foto: Javi Soler.
Taquería en México DF. Foto: Javi Soler.

Sin embargo, la esencia de la comida mexicana puede reducirse al taco, por su simplicidad y la unión de algunos de los elementos claves de la cocina mexicana como la tortilla (maiz), la carne (cerdo, res o carnero) y las salsas (chile).

Todavía recuerdo la primera taquería que visité y mi asombro por la rapidez, servicio y calidad. Me invadió la euforia y la sensación de estar ante algo único y maravilloso. Nunca había probado algo tan sabroso, simple y barato.

Taquería en las calles del DF. Foto: Javi Soler.
Taquería en las calles del DF. Foto: Javi Soler.

Las taquerías deben ser elegidas con precaución para evitar indigestas consecuencias, sobre todo para el estomago primerizo. Son miles los puestos de comida callejera que existen en México DF y aunque la mayoría de ellos solo nos deparan alegrías hay otros que nos harán padecer la conocida como “venganza de Moctezuma” que nos mantendrá a base de suero y arroz por algunos días. Si nos fijamos en su forma de trabajar, el número de clientes que atienden y su cercanía o no con el humo de los carros podemos calcular su índice de fiabilidad.

Tacos en Michoacan. Foto: Javi Soler.
Tacos en Michoacan. Foto: Javi Soler.

Al acercarnos a una taquería comienzan las invitaciones al potencial cliente: ¿qué le pongo güero? ¿qué va a ser joven? ¿siéntese patrón? Una vez nos decidimos por un puesto determinado encargamos la orden al taquero que preparará los tacos rápidamente mientras escuchamos el rítmico sonido del cuchillo al machacar la carne, nos pregunta si van “¿con todo?” (cebolla y cilantro) y te los servirán en el típico plato de plástico.

Cuando ya tienes tus tacos solo falta hacerte hueco entre los clientes para encontrar tus salsas favorita, (con cuidado y mesura, suelen picar todas) y disponerte a disfrutar como el primer día.

Tanto por tan poco ¡¡¡Viva México y sus tacos!!!

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