Siendo fiel al espíritu que siempre ha caracterizado a Pirineos Sur, anoche se vivió una de esas jornadas que son un reflejo de las diversas músicas que se crean por el mundo. Por un lado, Rawayana, una de las bandas más importantes de Venezuela del momento, que han triunfado con su contagiosa mezcla de reggae, pop y funk; y, por otro lado, Baiuca, el proyecto de Alejandro Guiñán que fusiona con maestría la música tradicional de su tierra, Galicia, con la electrónica más vanguardista.
El show de Baiuca fue mucho más que un concierto al uso; resultó una grata experiencia audiovisual, ideal para disfrutar con todos los sentidos en un espacio como el anfiteatro de Lanuza. Guiñán a los mandos, en la mesa de mezclas, apoyado por tres voces (Antia Muíño, Andrea Montero y Alejandra Montero), percusión y una pantalla que escupía sorprendentes imágenes entre futuristas y folclóricas, armó un setlist dominado por ritmo techno pero hábilmente mezclado con la tradición de su tierra.
Ya con la maquinaría en pleno funcionamiento y despachando beats a toda pastilla, el público no tardó en entrar en trance. “Veleno”, el tema que compartió con Rodrigo Cuevas (cuya actuación aún resuena en las montañas de valle de Tena), elevó aún más la temperatura, para no dar descanso hasta el final con unas contundentes “Diaño” y “Ribeirana”.
Los miembros de Rawayana se han convertido en una de las estrellas en alza de la música latina en los últimos años y tras triunfar hace escasos meses en el Wizink Center de Madrid, recalaron en Lanuza para presentar su último y aclamado disco “Quién trae cornetas”. Tras 10 años de trayectoria, han decidido pasarlo bien, celebrar la vida; y de eso trata precisamente su nuevo trabajo y así enfocaron su show.
Han encontrado una fórmula que les funciona, pero no quieren encasillarse en un género en concreto. Y eso demostraron. Durante casi dos horas dieron un repaso a su discografía en la que suena reggaeton, funky, pop, salsa, rock, reggae, disco o ritmos tropicales. Con una numerosa base de fans de su país, el recital ya comenzó como una fiesta, como una de las citas imprescindibles para bailar en el anfiteatro de Lanuza. Ahí estaban, por ejemplo, esos trallazos de cosecha propia que son “Binikini” o “High”.
Pero tuvieron tiempo para dos magníficas versiones muy bien llevadas a su terreno: “Don’t stop ‘til you get enough” de Michael Jackson y “World hold on” de Bob Sinclair. Y con “#Sádico” y “Dame un break” pusieron fin por todo lo alto a una primera actuación en Pirineos Sur. No debería ser la última.
Cierre de una intensa semana
Tras cuatro días de conciertos en Lanuza en los que ha habido cabido para todo tipo de sonidos y ritmos, tocará clausurar la semana con los conciertos de La Plazuela e Iseo & Dodosound. La Plazuela, es un dúo que reivindica sus raíces flamencas, mezclandolas con electrónica y nu funk. Tras dos avances muy bien recibidos, “El lao de la pena” y “Realejo Beach”, el año pasado publicaron su primer disco, “Roneo Funk Club”, con otros éxitos instantáneos como “Péiname Juana” “Ya primera helá”. Iseo & Dodosound son el gran referente nacional del dub y este mismo año acaban de publicar “En la tormenta”. Su cuarto trabajo es probablemente con el que más se han abierto a nuevos sonidos, con momentos cercanos al pop (como se puede escuchar en “Cuando salga el sol”). Y además de abrir su abanico, por primera vez se han animado a cantar en castellano.
Sobre Pirineos Sur:
La historia
Hace 31 años la Diputación de Huesca ponía en marcha el Festival Pirineos Sur, un punto de encuentro entre continentes, culturas y sonidos, que ya en sus primeras ediciones se convirtió en la referencia nacional de su género musical antes de que en España se hablara de multiculturalidad o globalización. Es también una apuesta por potenciar el turismo cultural en la provincia de Huesca
Tras tres décadas conserva la filosofía que lo vio nacer. El Festival Internacional de las Culturas Pirineos Sur ha recorrido musicalmente casi todo el mundo. Músicas y culturas provenientes de los cinco continentes y ediciones monográficas dedicadas a los creadores de diversos países, regiones y movimientos musicales.
Un festival de postal
Sin duda, uno de los grandes alicientes de Pirineos Sur, volverá a ser no solo la propuesta musical, sino en el entorno donde se ubica: un espacio natural privilegiado. En el corazón del Valle de Tena, en pleno pirineo aragonés, las serenas aguas de las 116 hectáreas del pantano de Lanuza reflejan la imponente montaña de la Peña Foratata, un gigante de 2.321 metros de altura. Su figura se convierte en el telón de fondo de un escenario que flota sobre estas aguas y donde cada tarde puede disfrutarse de la bella estampa de la puesta de sol como antesala de los espectáculos musicales.
Además, para mayor comodidad de los asistentes, el anfiteatro cuenta con un aforo máximo de 4.900 personas y está dividido en tres: un espacio con gradas de piedra, un foso a orillas del pantano donde bailar en primera fila y sin agobios y, por último, una balconada superior donde disfrutar de la experiencia con visión panorámica.
El festival está flanqueado por dos de los pueblos más bellos del Valle de Tena. Por un lado, Lanuza, la encantadora pedanía “rescatada” bajo las aguas del embalse; y por otro, el emblemático Sallent de Gállego, lleno de vida y típicos caserones de piedra. Senderismo entre cascadas, piragua o paddel surf en el propio pantano, quads, vías ferratas o paseos a caballo, cualquier actividad es posible como alternativa a completar cada fin de semana, incluso en familia. Y todo ello acompañado de una diversa oferta de gastronomía de altura que cuenta con restaurantes con soles Repsol























