Calasanz, primer escenario para festejar los 900 años de la Carta Puebla de Aínsa

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Calasanz y Aínsa han vuelto a encontrarse en torno a un episodio que une sus respectivas historias desde hace casi nueve siglos: el otorgamiento de la Carta Puebla de Aínsa por Alfonso I El Batallador en la ermita de San Bartolomé de la localidad literana. Cerca de doscientas personas han participado en una jornada de confraternidad que ha servido como antesala de la conmemoración del 900 aniversario, cuya fecha oficial es el 1 de febrero de 2027.

El encuentro daba continuidad a la invitación realizada por Aínsa a Calasanz con motivo de La Morisma, celebrada el pasado 29 de agosto. En esta ocasión, el municipio literano devolvía el gesto con un programa organizado por el CELLIT (Centro de Estudios Literanos) y el ayuntamiento de Peralta de Calasanz para profundizar en el contexto y la trascendencia de un documento que otorgó derechos y privilegios a los habitantes de la villa y que favoreció su desarrollo durante la Edad Media.

La comitiva ainsetana, encabezada por el alcalde, Enrique Pueyo, y la presidenta de la Asociación Cultural La Morisma, Isabel Bergua, estuvo acompañada por el alcalde de Peralta de Calasanz, Luis Fuster; el teniente de alcalde Ricardo Gazo; la vicepresidenta de la Comarca de La Litera, Susana Ramón; el presidente del CELLIT, Víctor Bayona; autoridades locales y numerosos vecinos y vecinas. La jornada comenzaba con la subida a la ermita de San Bartolomé, amenizada por los Donzaineros de Monzón. Allí se explicaron las características de la arquitectura románica del templo y el contexto histórico que motivó este encuentro. Fueron precisamente las investigaciones impulsadas desde el CELLIT las que permitieron situar en este enclave el otorgamiento de la Carta Puebla de Aínsa en 1127.

Posteriormente, en la iglesia de San Cipriano, la historiadora María Jesús Pérez Sánchez profundizaba en el contenido y el significado del documento. «La Carta Puebla daba derechos para asentarse en Aínsa y trabajar. La propiedad privada quedaba muy protegida y se establecieron una serie de normas de convivencia que contemplaban multas altísimas para quienes provocasen altercados», explicaba. Nueve siglos después, cuestiones como la fijación de población y la generación de oportunidades continúan formando parte de los grandes desafíos de los territorios rurales del Alto Aragón.

Por su parte el alcalde de Peralta de Calasanz, Luis Fuster, mostraba su satisfacción por la respuesta obtenida en una jornada especialmente significativa para el municipio. «Hoy es un día muy grande para Calasanz, porque lo que subyace en esta celebración son las ganas de sacar adelante nuestros pueblos, cada uno a su manera y desde sus posibilidades», señalaba. Fuster reivindicaba además el patrimonio y las posibilidades de futuro de la localidad. «Aunque muchos emigramos, pudimos volver, arreglar nuestras casas y llenar de vida las calles, principalmente en verano. ¿Nos damos cuenta de lo que tenemos en Calasanz? El patrimonio arquitectónico, la Toscana Aragonesa, las calles angostas… Aquí hay un gran potencial». El alcalde destacaba asimismo como «un gran hito» que el municipio, compuesto por cuatro pequeñas localidades, haya sumado 92 nuevas personas. En Calasanz, por ejemplo, la población se sitúa en torno a 40, por lo que cada nuevo empadronamiento supone un motivo de alegría.

Enrique Pueyo recogía el testigo agradeciendo la invitación y poniendo el acento en los vínculos surgidos a raíz de la investigación histórica. «Fue a través de La Morisma como nos llegó la noticia de que la Carta Puebla de Aínsa se había otorgado en Calasanz. Había dudas sobre la fecha y, tras diferentes trabajos de investigación con historiadores de la zona, supimos que se produjo en 1127», recordaba. «En agradecimiento, les invitamos a asistir a La Morisma de este año, donde introdujimos como novedad un guiño a este capítulo de nuestra historia. Hoy, ante todo, celebramos una jornada de confraternidad, la unión de dos pueblos que comparten la ilusión de trabajar para que sus territorios prosperen», añadía el alcalde.

La jornada concluía con un simbólico intercambio de obsequios entre ambos municipios. Calasanz entregaba a Aínsa una pintura de la ermita de San Bartolomé, mientras que Aínsa correspondía con una copia en pergamino de su Carta Puebla. La interpretación de la Marcha Real de los Reyes de Aragón a cargo de los Donzaineros de Monzón ponía el colofón al encuentro, preámbulo de una conmemoración que tendrá continuidad en Aínsa en 2027 por ser el año en el que oficialmente la Villa Medieval celebrará los 900 años de un documento fundamental para comprender su historia, y acercará esta efeméride a vecinos, visitantes y nuevas generaciones.

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