Una sencilla y emotiva ceremonia en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Valdeflores sirvió el pasado sábado presentar ante los benabarrenses la ubicación definitiva del retablo de Santa Elena, una de las mejores muestras del gótico internacional que se conservan en el Alto Aragón, tras permanecer cuatro años en las dependencias del Museo Diocesano de Barbastro-Monzón.
Fue trasladado a Barbastro para ser sometido en los talleres del espacio museístico a un exigente y complicado proceso de restauración que se prolongó durante tres años y que llevaba aparejado el compromiso de que, una vez finalizada la restauración, el retablo permanecería expuesto en el museo barbastrense por espacio de un año más. Allí se ha convertido en una de las joyas de su colección y ha podido ser admirado por numerosos aficionados al arte hasta que, el pasado 8 de agosto, volviera definitivamente a Benabarre y se instalara ya definitivamente en una de las capillas de la iglesia parroquial donde todavía se están dando los últimos toques para su correcta exposición.
«El proceso de restauración fue muy complejo porque, aunque no se había retocado pictóricamente nunca, presentaba un estado más que preocupante por la carcoma que lo había invadido, la falta de algunos trozos del soporte y los numerosos agujeros que presentaba que, contra lo que algunos pensaban, no se habían producido por balazos sino que habían sido hechos para colocar exvotos», explica Ángel Noguero, el párroco benabarrense que ha sido uno de los principales impulsores de esta restauración.
Apunta que fueron cuatro las restauradoras, «formadas en el museo», las que se encargaron de una restauración «modélica» que ha devuelto su belleza original a este retablo para cuya instalación definitiva en la iglesia parroquial de Benabarre ha sido necesario habilitar todo tipo de medidas. «Se ha puesto una mampara de cristal a media altura para evitar que los espectadores se acerquen demasiado y hemos instalado alarmas, medidores de temperatura y humedad acompañados por un sistema de calor envolvente para que en invierno no se produzcan cambios bruscos de temperatura que puedan afectar al retablo», apunta Noguero señalando que todavía queda por ultimar la iluminación definitiva, encargada a una empresa especializada de Zaragoza.
Según recuerda el párroco, este retablo fue donado por Domingo Pons, natural de Benabarre, un eminente eclesiástico que desempeñó un gran papel en la Corona de Aragón en la segunda mitad del siglo XIV e inicios del XV. Instituyó en Lérida el primer colegio Mayor de la península, fue nombrado arcediano de la catedral de Barcelona y fundó en Benabarre la primera escuela y el Hospital de Santa Elena y San Juan, para cuya capilla se pintó esta obra. Falleció en Barcelona en 1417, siendo este retablo posiblemente su última voluntad.
Atribuido a Pere Teixidor o a Jaume Ferrer, el conjunto del retablo está constituido por siete tablas que forman la predela y las tres calles con sus respectivos áticos. Está dedicado a Santa Elena, que, acompañada por su hijo el emperador Constantino, sujeta en la tabla central la cruz en que murió Cristo. San Juan Bautista y San Antonio Abad flanquean esta tabla central. Los tres áticos están coronados por la crucifixión, la tortura a San Antonio y el bautismo de Jesús. Mención especial merece la predela, presidida por Cristo “Varón de Dolores”, que tiene a su lado a la Virgen y san Juan Evangelista y, en los distintos compartimentos, diversas santas mártires.
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