Las fallas del Pirineo iluminan el solsticio con su promesa de regeneración.

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Las fallas del Pirineo celebran este año su reconocimiento como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco. San Juan de Plan, Sahún, Laspaúles, Villarrué, Suils, Castanesa, Bonansa, Montanuy y Aneto son las localidades altoaragoneses que mantienen vivo este ritual cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos y sus vecinos se aprestan un año más a revivir la tradición de la regeneración simbólica por el fuego en el entorno de la celebración del solsticio de verano.
Laspaúles convocaba el pasado fin de semana un muy concurrido “Taller Fallaire” que se ha convertido en habitual en los últimos años para preparar la festividad de las fallas y para enseñar a los más jóvenes de la zona el arte de construirse su propia tea con la que tomarán parte el próximo jueves en el mágico desfile de la noche de San Juan. José Ignacio Espot, el alcalde de este municipio ribagorzano, reconoce que la declaración de la Unesco supone un auténtico espaldarazo para la celebración y para dar a conocer la zona en los ámbitos más variados. «Hasta hace unos años era una festividad muy poco conocida pero ya hace un tiempo que las fallas empiezan a tener nombre», comenta señalando la estrecha vinculación de los vecinos con estos festejos que, entiende, «nunca han corrido peligro de desaparecer» con o sin el apoyo de la figura de protección de la Unesco.
Por su parte, la técnico municipal Raquel Alegrete apunta que, salvo un recorrido algo más largo de lo que ha sido habitual en los últimos años, no está previsto realizar nada especial para conmemorar la declaración de Patrimonio de la Humanidad. «En todo caso ya es especial que le estemos dando tanta notoriedad al tema», sostiene. Para Alegrete éste es un buen momento para compartir «con todo el mundo» estos festejos y hacerlos visibles para la opinión pública y, como su alcalde, entiende que pueden llegar a convertirse en un excelente instrumento de promoción turística de la zona.
Algo que también destaca el alcalde de Bonansa, Marcel Iglesias, quien recuerda que años atrás ya se llenaban por estas fechas de San Juan los alojamientos turísticos pero que la mayor difusión que se está dando a la fiesta ha redundado en un incremento del interés por estas fallas pirenaicas. «Se han interesado mucho los medios de comunicación y también los ciudadanos de a pie y hemos visto cómo unas fiestas que eran totalmente desconocidas fuera de nuestros pueblos van teniendo una mayor repercusión mediática y social», apunta Iglesias.
El edil recuerda que, aun manteniendo una esquema bastante similar con sus recorridos serpenteantes de fuego purificador en la noche sanjuanesca, todas las fallas altoaragonesas tienen sus peculiaridades propias que las singularizan empezando por las características de las propias fallas, bastante diferentes de un lugar a otro. «Todas son impresionantes pero la localidad que tiene unos elementos más singulares es Sahún donde se voltean las fallas en la noche creando unas imágenes muy impactantes», sostiene. Esa singularidad puede suponer un factor más de promoción del territorio ya que anima a los espectadores interesados a conocer las diferentes variantes de una fiesta que, apunta Iglesias, ha tenido su evolución «lógica» a lo largo del tiempo.
José María Agullana, antiguo alcalde de Montanuy, es otra de las personas que se ha implicado directamente en la consecución del reconocimiento de la Unesco. Recuerda que en algunas de las localidades la celebración de las fallas de San Juan se paró tras la guerra civil y que, aunque algunas no consiguieron recuperarlas, los vecinos de la zona hicieron lo imposible por volver a celebrar este ritual. «La gente aquí siente las fallas como algo muy íntimo», comenta Agullana para quien la declaración de Patrimonio de la Humanidad servirá para dar a conocer este territorio, para hacerlo más visible, y que puede convertirse en un necesario motor de promoción económico y social para una zona con una fuerte tasa de envejecimiento y despoblación.
Tan sólo Castanesa y Aneto celebran este año las fallas en fecha distinta a la noche de San Juan ya que en estas dos localidades la festividad ha estado siempre asociada a la noche de San Pedro, este año el día 28. Lo que ocurre es que al coincidir ambas conmemoraciones en localidades muy próximas se decidió hace unos años retrasar la de Castanesa al primer sábado de julio.

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