COLABORACIÓN || Asun Porta

En la biblioteca todos los meses sucede algo extraordinario. En enero se pasean los Reyes Magos entre sus mesas, están algo desorientados, hay mil estrellas entre los libros de las estanterías y no saben a cual de ellas seguir. Traen libros nuevos.

En febrero hay una cita a ciegas con uno o varios libros, hay que celebrar el amor, y este es muy especial, un amor a la imaginación, al deseo, al misterio, a la ciencia, hay tantos amores…

En marzo se asoman pidiendo paso los libros de mujeres que lucharon por abrir caminos, los libros de heroínas, de niñas traviesas, de policías, de ladronas o de espías.

En abril se celebra la gran fiesta de los libros, hay juegos, homenajes y lecturas, muchas lecturas. Es ese mes cuando los personajes se alteran, se emocionan, se escapan de los libros cuando la biblioteca se cierra, y saltan de uno a otro, corren entre las hojas, y se pelean o hacen guateques y bailan. Y todos se recogen corriendo cuando se abren las puertas de nuevo. Y entran niños, y abuelas, y señores elegantes, y escritoras y poetas, y muchas personas que allí se encuentran conectan, escuchan y se llevan los libros a casa animados por ellas, las maestras de ceremonias: las bibliotecarias. Esos mundos no existirían sin ellas. 

Son las magas, las trapecistas, las actrices y las brujas, son las que nos hechizan y logran que sintamos la biblioteca nuestra casa, que disfrutemos el calor, el frío, la tensión, el humor o el miedo que surge en cada libro, nos provocan curiosidad por saber y conocer todo lo que en los libros se comparte, nos ponen en contacto con sus autoras y autores, nos organizan en grupos de lectura. Ellas aman los libros, los ordenan, los acarician y los miman.

Y cada mes, la biblioteca huele a vida, y esa vida sale fuera, se expande, y nos llama. Y vienen los niños de la escuela, la cuentacuentos, un hada, la científica o la enamorada, un teatrillo, un experto, un escritor o una escritora, y vienen invitados por ellas, y vamos a escucharlos, a aprender, a mirar el mundo de otra forma, y nos llenamos de emociones, sonrisas, sorpresas y conocemos historias y leyendas, relatos y nuevos poemas.

Y otro día viene María Moliner emocionada y reparte premios y libros, y se siente orgullosa de ellas. Y todos reconocemos también lo valioso que es tener a estas grandes profesionales que hacen de su biblioteca un mundo a compartir, animadoras, gestoras, archiveras, y mediadoras entre los libros y las personas. Ellas, nuestras bibliotecarias.    

 

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