Bregovic convierte la Cartuja de Sariñena en una pista de baile

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La Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes de Sariñena vivió una de esas veladas para el recuerdo. Entre los viejos muros del monasterio, destinado hace siglos al silencio y recogimiento, irrumpió ayer con toda su energía la música desbordante de Goran Bregović y su célebre Orquesta de Bodas y Funerales, que puso a bailar al millar de personas congregadas para vivir la penúltima cita de la sexta edición del Festival Sonidos en la Naturaleza, SoNna Huesca, que organiza la Diputación Provincial de Huesca.

La monumental Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes vivió un torbellino musical. Bregović, traje blanco, mirada cómplice y sonrisa irónica, apareció en escena dispuesto a cumplir la promesa que mantiene desde hace décadas: ningún concierto suyo es una simple sucesión de canciones, sino un ritual colectivo y una celebración que cruza fronteras. El bosnio vivió el recital sentado, pero muy implicado. Los suyos se movían por él.

El concierto lo comenzaron los vientos (tubas, trompetas, saxofones…) salidos de entre el público, que rápidamente aceptó la invitación a la boda-funeral balcánica que les proponía Bregovic. “Gora Goran” se le oyó gritar a un vasco, en un ambiente de celebración ritual. Familias enteras, grupos de amigos, curiosos y melómanos veteranos se dejaron arrastrar por la vorágine sonora. Se bailó, se rió y se aplaudió con fuerza en una fiesta en la que el propio Bregović parecía disfrutar como un invitado más.

El repertorio fue generoso; veintiuna canciones en hora y media de concierto en la que alternó sus temas más conocidos con los de su último trabajo discográfico. El público se reconoció sobre todo en Vino tinto (que en su día grabó con Bebe, a la que tuvo el acierto de citar, como también hizo con los Gipsy Kings), en Gas Gas, Maki Maki… los temas que lo han hecho celebre, y se guardó para el final las dos canciones más pegadizas y en las que el respetable se dejó la garganta: su versión de Bela Ciao y la celebérrima Kalashnikov, cuando ya se había hecho de noche.

Aunque solo se vendió la mitad del aforo, el público, venido mayoritariamente de fuera de la comarca, y el gran compositor balcánico pusieron el listón muy alto para lo que queda de la clausura de la sexta edición, que se despide hasta 2026 con dos de las voces de la última década de la música española.

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