El público superó con creces el aforo previsto en el pequeño promontorio donde se asienta la singular ermita de Los Dolores, en Monflorite, para disfrutar de la tradición oral montañesa, tal y como ellos denominan al folklore cántabro, tamizada por la electrónica.
El guitarrista de jazz y productor musical Yoel Molina y la cantante Irene Atienza se encontraron en Cabuérniga (Cantabria), a donde ambos habían regresado en busca de sus raíces. A pesar de sus dispares trayectorias, juntos bucearon en cintas antiguas en busca de esa tradición oral que sigue poniendo la banda sonora original a las fiestas y celebraciones populares en Cantabria y que sirve también para las labores del campo y del monte.
El dúo introdujo a personajes populares del folklore cántrabro, como Genio, el de Camijares o Maso, el de La Hayuela; y mostró voces grabadas y testimonios de mujeres anónimas que servían de marco y referente para lo que el público iba a escuchar a continuación. Jotas, tonadas, canciones de labor y coplillas llenaron la ermita de los Dolores de zuecos y sobaos pasiegos, de olor a vaca y a Oso pardo. Pero sobre todo, de olor a fiesta y a romería. “Si volvías de la romería con un puñado de avellanas en el bolsillo es que te habías echado novio”.
Irene Atienza reivindicó el papel de las mujeres montañesas en el cancionero del folklore cántabro. “Ellas con sus panderetas eran las grandes protagonistas; sobre todo de las letras. Ahora nos damos cuenta de que contaban muchas cosas”. Pero si la voz de ella olía a prado y a castaños, la guitarra, los teclados y los sampler de Yoel Molina nos situaba en la era contemporánea; en un ambiente más complejo y elaborado. Ella vestía de rojo pasión, y él de negro y con gorra. Su forma de vestir definía lo que podíamos esperar de cada uno de ellos.
El público entendió el concierto y aplaudió a rabiar. El folklore montañés suena familiar en las estribaciones del Pirineo aragonés. No parece que hubiera tantos kilómetros de distancia. Parece más bien como si Picos de Europa fuera parte -como así es- del plegamiento de los Pirineos, un extremo de ellos. Como si el folklore respondiera a la geología.




















