COLABORACIÓN || Cristian Laglera
Escritor
Tengo la sensación que la gran mayoría vamos a recibir el otoño con los brazos abiertos. Esta es particularmente mi estación preferida, y lo es por muchas razones.
Una de las principales justificaciones, además del alivio de las temperaturas, es que es la mejor época para viajar por esta hermosa provincia en la que tenemos el privilegio de vivir. Sus paisajes, sus colores, la tierra alfombrada de hojas que han caído de árboles que han cambiado a tonos ocres, amarillos y rojizos… son sello de identidad del otoño y hacen que salir, sobre todo por zonas pirenaicas, sea una auténtica delicia.
Con vuestro permiso, me vais a permitir una recomendación de un lugar que es particularmente bello en época otoñal: el valle de la Garcipollera.
Estamos hablando de un valle cuya puerta de acceso es la localidad de Castiello de Jaca. El entorno posee una gran riqueza natural ideal para realizar senderismo y excursiones con tranquilidad y sosiego y, además, es un lugar idóneo para los amantes del patrimonio arquitectónico. Podemos visitar ermitas románicas como las de Iguácel o, menos conocida, la de Santa Juliana de Castiello de Jaca. Otra opción es “sumergirnos” en el mundo de los despoblados y visitar las magníficas iglesias parroquiales de Acín de Garcipollera y Larrosa, lamentablemente en ruinas pero que todavía conservan una belleza capaz de competir con la del propio paisaje.






















