COLABORACIÓN || Asun Porta
Será porque hemos heredado de nuestros ancestros el miedo ante lo desconocido —por aquello de la supervivencia—, o será por otros motivos, pero, en general, ante la inteligencia artificial sentimos temor.
Recuerdo como Irene Vallejo, en su libro El infinito en un junco, narra cómo los griegos, cuando las palabras se empezaron a escribir, refunfuñaban porque las innovaciones no les gustaban demasiado. Y cómo se hace eco que al igual que sucedió con la escritura, también con la imprenta, incluso con internet —más cercana a nuestros tiempos—, todos los grandes avances para la humanidad han tenido sus detractores.
Creo que, con respecto a la IA, hay una gran parte de la sociedad que está bastante preocupada. La IA ya examina, deduce, busca, evalúa, recopila, diseña, organiza, crea, elije, ejecuta…, por nosotros. Además es una inteligencia generativa, porque se va autoalimentando, aprende cada segundo, porque cada segundo volcamos en la red millones de noticias, comentarios, opiniones; incluso nuestras emociones: «likes», qué es lo que nos gusta, qué nos produce tristeza, alegría, odio; conoce nuestros miedos, ilusiones, y errores, y todos estos datos interesan, se venden, se utilizan y hasta cotizan en bolsa.
Nuestra sociedad está cambiando a ritmos agigantados, y la IA tendrá mucho que ver en el futuro y también en el amor. Por curiosidad he preguntado sobre este tema a la aplicación de DeepSeek, (IA china), y me ha contestado, resumo:
«Ya se están utilizando algoritmos de IA que pueden mejorar la precisión en las coincidencias para las aplicaciones de citas. En un futuro cercano tendremos asistentes virtuales que podrán ayudarnos para mejorar nuestras habilidades de comunicación en relaciones románticas. La IA podrá realizar análisis de compatibilidad entre dos personas para formar relaciones «a la carta». Será posible establecer relaciones amorosas con entidades creadas por la IA y obtener robots sexuales o compañeros virtuales, etc., y afirma que la IA cambiará la forma en que las personas experimenten y vivan el amor»
Y surgen muchas preguntas: ¿vamos hacia una deshumanización de las relaciones?, ¿quién sabe qué será de nuestro cerebro si deja de utilizar sus capacidades porque hay una inteligencia externa que ya lo hace?, ¿quién decidirá por nosotros?, ¿existirá una dependencia emocional de la tecnología?, ¿se regulará su uso para protegernos contra abusos y manipulaciones?
De momento —como ya nos aconsejan—, viviremos el presente, seguiremos amando a nuestra manera, como humanos, con toda nuestra pasión, sensibilidad y cariño, y el futuro nos irá dando las respuestas.























