COLABORACIÓN || Carla Rivas. Influencer
Con la llegada del verano, cada año vuelve la vida a nuestros pueblos.
El verano en el pueblo, como las frescas o las fiestas patronales, es un vínculo identitario que nos une en una sociedad que parece empeñada en buscar aquello que la separa. En un tiempo de cambios constantes, sigue siendo una referencia inalterable. Adultos que ya no crecieron en el pueblo de sus padres procuran que sus hijos construyan ese mismo vínculo; familias enteras que viven lejos regresan a la casa familiar para reencontrarse con sus raíces. Todos movidos por desconectar de la vorágine del día a día y volver a conectar con quienes forman parte de una familia que trasciende los lazos de sangre.
Me llaman especialmente la atención los niños, que corren, saltan y juegan por las calles mientras crean, quizá sin saberlo, los primeros recuerdos y amistades que les acompañarán toda la vida. Niños que no comparten aula ni vecindario, pero que sienten que existe algo que los une y que cada verano vuelve a reunirlos.
Si tuviera que resumir en una sola frase este sentimiento tan auténtico, sería esta: “Sea cual sea mi situación, el momento vital que atraviese o el lugar en el que viva, el 28 de agosto, día de San Agustín, patrón de Almuniente, estaré en mi pueblo, con mi gente celebrando todo lo que nos une.”























