OPINIÓN || Angélica Morales. Escritora
Siempre que se acerca el 8M desenterramos la memoria de mujeres olvidadas, dormidas sobre la oscuridad del tiempo. Nos desnudamos de miedo y salimos a la calle para alzar la voz, para recordar las luchas del pasado; otras bocas, otras manos, la misma necesidad de existir y hacer valer nuestros derechos.
No se trata de igualdad, a estas alturas suena ridículo, se trata de habitar este mundo al mismo nivel que los hombres, en todas las formas conocidas y las que vendrán. Caminar juntos. Nada de dejar que nos vuelvan a dar un empujón para quedarnos en un segundo plano. Se trata de recuperar lo perdido y no permitir que nada ni nadie nos lo vuelva a arrebatar.
Mujeres que han perdido la vida a manos de sus compañeros, de sus socios, de sus vecinos, de sus esposos.
Mujeres que fueron inteligentes y llevaron las riendas de un negocio o fueron pioneras dentro del arte o la ciencia. Mujeres que por el simple hecho de ser mujeres se minusvaloraron y nunca llegaron a tomarse en serio, a ocupar la plana principal de un diario, a ser protagonistas.
La mujer se sacrifica por el marido y por los hijos y al final de su vida ya no queda nada de ella misma, ni del sueño que la vio nacer ni del destino al que quiso camelar para no caer en su trampa.
Porque nuestro destino era la manzana, el pecado, la humildad, el recogimiento. Nuestro destino era huir de la luz, aguantar el golpe, la humillación y los matrimonios fallidos, rezar por las almas de los otros y dejar que la nuestra se ahogara en la boca del barro.
Hay tantas mujeres que pudieron cambiar el rumbo del mundo y que no las dejaron.
Yo escribo esas mujeres. Escribo sus historias rotas en la boca de un reloj, sus logros, sus pasiones, su dolor.
Escribí sobre Otti Berger en “La casa de los hilos rotos”, profesora de la Bauhaus, la primera mujer en patentar un diseño textil en Alemania. Sorda, comunista, extranjera, judía. ¿adivinan dónde murió?
Ahora acabo de sacar nueva novela “Estás en mis ojos” Hélène Roger-Viollet fue una fotoperiodista asesinada a manos de su esposo. La primera mujer en retratar la guerra civil española, la primera en crear una Agencia de Fotografía en Francia.
Mujeres libres, independientes, sin hijos, que lucharon por hacerse un hueco en sus profesiones, que se soñaron igual y que acabaron muertas a manos de la sinrazón y el machismo.
La historia la escriben hombres, pero la sufren y la contemplan las mujeres desde el otro lado. Son las que curan, consuelan, lavan, mecen, amamantan, ponen nombres dulces al terror de una sociedad que solo sabe respirar dentro de lo oscuro.
Mírennos. Deténganse y mírennos. Ya estábamos aquí. Siempre ha sido nuestra la vida.






















