Eugenio Monesma será este año el tastador de la recuperada versión plena de la Fiesta de la Longaniza

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Los representantes de la Asociación de Fabricantes de Longaniza de Graus, entidad integrada por las empresas cárnicas Aventín, Melsa y Maella, presentaba la tarde de este martes en Graus el nombre del tastador y simbólico representante del embutido en la próxima Fiesta de la Longaniza que se celebrará el último fin de semana del próximo mes de julio en su trigésimo primera edición recuperando los elementos claves que han hecho de estos festejos unos de los más populares y concurridos del verano aragonés.
El antropólogo y cineasta oscense Eugenio Monesma será el encargado a partir de ahora de convertirse en embajador de la longaniza grausina durante los próximos doce meses y, tras catarla nada más asada en la gigantesca parilla característica de la celebración, sobre su persona recaerá la responsabilidad de dar el visto bueno al reparto de los miles de raciones de este sabroso embutido.
La presentación del nombre del tastador se ha convertido en los últimos años en el pistoletazo de salida para esta importante celebración lúdico-gastronómica sobre uno de los elementos más conocidos y valorados de la gastronomía altoaragonesa. Un evento que suele reunir en la villa ribagorzana a miles de personas procedentes de los lugares más diversos.
Este año el acto de presentación del tastador, que se ha celebrado en las salas del Museo de la Historia y la Tradición grausina, había despertado entre los vecinos de la localidad un doble interés tanto por el nombre del futuro tastador como por el proyecto que barajan los longaniceros de cara al último fin de semana de julio.ambas preguntas han tenido contestación, señalando el presidente de la Asociación –Mariano Ciutad, de Casa Maella- que la intención es que esta recuperada edición plena sea lo más fiel posible a la “liturgia” de los certámenes anteriores. «Han sido dos años complicados de narices y nos está siendo difícil volver a reajustar y poner en marcha el mecanismo de estos festejos que funcionada de maravilla», reflexionaba José Luis Romeo, de Casa Melsa, reconociendo que este reajuste está siendo duro por la pérdida de varios de los integrantes del operativo por culpa del covid y el desánimo de otros -«a los que estamos empezando a volver a ilusionar en el empeño». «Todos vamos a poner nuestra parte en este proyecto de reactivación sin tasas de la Fiesta, nos hace mucha ilusión y tenemos la misma pasión de las primeras ediciones», máxime tras el legado que han dejado las treinta ediciones previas de la Fiesta que ha conseguido convertir a la longaniza de Graus «en un auténtico patrimonio de Ribagorza y del Alto Aragón».
Por su parte, la portavoz de Casa Aventín, Marta Balaguer, ha recordado que este año nuevas generaciones de voluntarios harán frente al momento más delicado de la Fiesta; el del manejo de la enorme parrilla que acogerá a la enorme longaniza de más de 600 metros de largo en su proceso de asado ante el público y de la que saldrán 10.000 raciones que se repartirán entre los miles de asistentes.
Los integrantes de la Asociación de Fabricantes siguen trabajando en ultimar todos los actos de un programa que arrancará en la noche del viernes 29 con la puesta en marcha de un mejorado “Longaniza fest” en las instalaciones del Centro Deportivo y que vivirá su día grande el sábado 30 desde las 10 de la mañana con el arranque del habitual mercado artesanal que ha sido fiel compañero de la Fiesta desde sus primeras edición. Ya por la tarde, el proceso de elaboración de la longaniza de cara al público, el asado del embutido, el visto bueno del tastador y el reparto final de las 10000 raciones será el momento álgido de esta cita que aún prolongará su oferta gastronómica con la segunda edición del año del “Longaniza Fest” una vez acabado el reparto de la longaniza.
La figura del tastador se incorporó a la Fiesta de la Longaniza en 2011 con la intención de vincular a destacadas personalidades de los más diversos ámbitos y relacionadas con Ribagorza con la imagen de este sabroso embutido que se ha sabido convertir en una referencia gastronómica de primer orden. Según los longaniceros, el tastador era históricamente un personaje muy importante en el ámbito familiar ya que era el encargado de dar el punto de salazón a la carne que se consumía durante todo el año y esa importancia es la que se pretende reivindicar en esta nueva andadura ahora como representante plenipotenciario del embutido más característico de la gastronomía ribagorzana.
Como recuerda José Luís Romeo, sobre el origen de los tastadores «tastar es gustar con el paladar los alimentos y, en el Pirineo, cuando antiguamente se hacía el mondongo tras la matacía había una figura que, por sus conocimientos o por su prevalencia, cocinaba en un pequeña sartén de mango largo una pequeña muestra, la tastaba y si era necesario la rectificaba de sal y especias».

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