Los escolares grausinos no se quedan sin papelón

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Como todo en la vida cotidiana por culpa de la crisis sanitaria, el tramo final del curso escolar está siendo muy extraño, con clases virtuales y escolares lo más lejos posible de sus centros. Aún así, en algunos sitios se intenta mantener un guiño con el ceremonial que acompaña tradicionalmente la celebración del fin del curso académico convocando diferentes actos para despedir oficialmente un ejercicio muy extraño.
Uno de esos sitios es Graus, donde se ha convocado este sábado a los alumnos de infantil y primaria para que participen en la singular Fiesta del Papelón que en la villa ribagorzana certifica desde hace casi un siglo la llegada de las vacaciones escolares. El acto, totalmente mediatizado por las medidas de seguridad ante la crisis sanitaria, no tendrá nada que ver con los Papelones anteriores pero supondrá una digna despedida a este ejercicio que, por lo excepcional de su desarrollo, quedará para siempre en la recuerdo de sus protagonistas.
Los escolares grausinos de infantil y primaria están citados de 9 a 14 en el patio del colegio público “Joaquín Costa” de la localidad, un amplio espacio descubierto que permite la distancia social y a la que los alumnos irán llegando cada media hora en rigurosos turnos por cursos y clases para ir recibiendo ese popular papelón acreditativo de la llegada del período vacacional de manos de los concejales del pueblo.
Desde el ayuntamiento y la dirección del centro escolar han recomendado que cada escolar acuda al acto con un único acompañante y se ha hecho una especial incidencia en la necesidad de respetar horarios, lugares de acceso al patio establecidos para cada curso y las distancias de seguridad que recomiendan las autoridades sanitarias. En el caso de que algún alumno no pueda, o prefiera abstenerse de, acudir al acto podrá recoger en el colegio la próxima semana -en horario de 9 a 13 horas- ese papelón que es un voluminoso y sabroso envoltorio repleto de galletas y chucherías con el que Graus premia el esfuerzo de sus escolares.
La del Papelón es una de las más queridas –y más mágicas y singulares- de las tradiciones que se conservan en una población que tiene un especial apego a su legado patrimonial y que preserva como pocas en Aragón las costumbres de sus mayores.
En este caso, la tradición del papelón se remonta al primer tercio del pasado siglo, cuando se empezó a repartir un atadijo repleto de deliciosas galletas entre los estudiantes más jóvenes como una manera de agradecerles su desempeño durante el curso escolar. Y fue especialmente importante tras la guerra civil, en las décadas de los cuarenta, los cincuenta y los sesenta, cuando las pastas y dulces que encerraba el envoltorio suponían un gran regalo para los más pequeños por la escasa disponibilidad que había de ellos en la España de entonces.
Luego, los dulces han sido ya habituales en las dietas españolas, pero, aún así, el papelón sigue manteniendo su aura mágica entre los grausinos más jóvenes que hacen de este día una de las jornadas más inolvidables de toda su etapa escolar.

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