Navidad en casa Roser de Azara

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En casa Roser de Azara se escucha trajín de gentes casi cualquier domingo del año. Gregorio Cuello, con sus  91 años es el centro de atención. Y junto a él, su mujer Josefina Loncán; su hijo Agustín con su esposa Mari Mar y los nietos, Andrea y Miguel. A ellos se les sumarán otro hijo y su familia que también viven en Azara y con los que se reúnen habitualmente todas las semanas… y con ese plan ¿sabe distinto la Nochebuena? Sí-rotundo-afirman. “No por el hecho de vernos a menudo perdemos la ilusión y de compartir esos momentos”.

La Nochebuena siempre se ha celebrado en casa Roser, ellos ejercen de anfitriones. Y Gregorio, desde su larga experiencia  vital confiesa: “si hay bulla, estoy feliz, porque a mí me gusta todo y si me dejan me tomo una copa de champán”.

La Nochebuena lleva impresa otra alegría y otras tradiciones… La decoración varía y esta familia adorna, cada año de modo diferente, una pared a modo de photocall para hacerse fotos divertidas.  De las manos de Mari Mar, y según receta de la abuela, sale el turrón de almendras con miel que más gusta y el empanadico de calabaza que nunca falta en las casas del Somontano.

El menú permanece fijo, pero sufrió un cambio drástico hace años… Comenta Agustín que antes preparaban zarzuela de pescado pero comenzaron los niños “que si no les gustaba… así que ahora preparamos un buen picoteo y chuletón a la piedra… ¡Al final hay tanto humo que ni nos vemos!”. Pero ver, porque aunque cenen temprano se acuestan tarde y entre regalos del amigo invisible, juegos de mesa, risas, tertulias y recuerdos disfrutan de otra Nochebuena en casa Roser.

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