Secastilla celebra los cien años de una convecina

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Los secastillanos ofrecieron el pasado sábado un sentido homenaje a su convecina Aniceta Pardinilla para conmemorar su centésimo cumpleaños. Los vecinos de esta localidad ribagorzana se sumaron a los familiares y amigos de la homenajeada para vivir una intensa jornada festiva y teñida de emoción en la que la protagonista y sus hijas agradecieron a todos los asistentes el inmenso cariño recibido.
Nacida en Morillo de Tou el 17 de abril de 1918, Aniceta goza de una buena salud, una memoria especialmente atinada para las cosas que sucedieron en su infancia y juventud y una amena conversación de la que hace gala en todo momento. Y, coqueta, apunta que el secreto para su lozano aspecto es una crema hidratante que se pone para que no se le reseque la piel.
Aniceta llegó a Secastilla con su marido al poco de casarse. Tenía veintiocho y en la vecina Graus ha discurrido desde entonces su vida. Ha sido testigo de la decadencia del mundo rural. Como recuerda en una entrevista que le realizan en la revista “El Secastillano”, cuando llegó a Secastilla «en el pueblo vivía mucha gente. Había albañil, carpintero, herrero, sillero, que apañaba los asientos de las sillas con anea… En Casa La Eusebia tenían una maquineta que hacía fideos y los colgaban en la barra de colgar longanizas para que se secaran. Iban por las casas, cada casa hacía los suyos. Sastre hubo también algún tiempo, y practicante, pero se fue justo cuando yo llegué. Venía un colchonero de Naval a parar colchones. Se lavaban y se vareaba la lana, que se quedaba tobeta y aireada y se volvían a hacer los colchones. Los cesteros de Capella venían y hacían cuévanos, canastas, argaderas, cestas… Cada casa tenía los mimbres, los tenían en remojo un tiempo. Secastilla ha perdido muchos habitantes pero ahora también hay muchos de fuera».

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