COLABORACIÓN || Nerea Lacoma
Ser agricultora no es un trabajo al que puedas acceder solo estudiando o con ganas: se necesita experiencia, medios y, sobre todo, un legado familiar. Por eso me siento privilegiada de poder continuar la tradición de mi familia en el campo.
Lo que más me duele es ver cómo se priorizan productos de fuera, dejando de lado lo que se produce aquí en España, sin valorar el esfuerzo y la dedicación que hay detrás de cada cosecha. Estos días, con las manifestaciones, queda claro lo que necesitamos los agricultores: precios justos, respeto y apoyo real a lo local, no que importaciones baratas devalúen nuestro trabajo.
Me considero más de tradición que de innovación: seguimos haciendo muchas cosas como se hacían antes, aunque poco a poco incorporamos nuevas técnicas que nos ayudan a trabajar mejor y cuidar más la tierra.
La gente no ve el esfuerzo, la incertidumbre y las largas jornadas que implica cultivar. Si pudiera decirle algo a un joven que duda si quedarse en el campo sería: “Quedarte en el campo no es fácil, pero es un orgullo que pocos conocen; si lo eliges, hazlo con pasión y respeto.”
Para mí, la agricultura no es solo un trabajo: es una forma de vivir, de conectar con la tierra y de honrar una tradición que nos define.






















