Talento autodidacta

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COLABORACIÓN || Alfredo Lanaspa

Impuestos Gobierno

 

Pareciera que para el desarrollo de una actividad intelectual, sea del todo imprescindible la obtención de uno o varios títulos que acrediten una formación universitaria o superior. En honor a la verdad, el talento emana siempre que la capacidad creativa sea capaz de aflorar en quienes descubren habilidades para crear y trabajar en determinadas facetas, que para nada estarán vetadas a las personas que sin redundantes titulaciones, no duden en aprovechar su propio talento al servicio de actividades prolíficas. Pensadores, escritores y talentosas mentes bien pueden dejar acreditada una labor garante y demostrativa, de metas que parecieran reservadas a unos pocos ilustrados. Un buen ejemplo de ello podemos encontrar en el brillante espejo de autodidactas que fueron fiel reflejo de estas palabras. No podremos negar el talento de personajes como: William Shakespeare, Virginia Woolf, Mark Twain, Charles Dickens, Walt Disney, Steve Jobs y toda una pléyade de mujeres y hombres que gracias a un talento adecuadamente utilizado, lograrían alcanzar el éxito con el que soñaron quienes creyeron que con una buena formación exenta de talento, quedarían encumbrados en vanos reconocimientos. El talento permanece ajeno a las diatribas que acompañan creaciones o defensas de incoherentes razonamientos. El talento bien utilizado es el que permite obtener el conocimiento previo de lo que ha de ser primero amado y después defendido, es el deseo de luchar por aquello que nos hace felices sin denostar el éxito ajeno. Como hemos comprobado, el talento al servicio de las personas autodidactas, no deja de ser una buena herramienta para encontrar el camino que conduce a metas exitosas, sin perjuicios por no poseer acreditaciones que jamás pueden sustituir al trabajo bien desempeñado. 

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