El empeño personal de Eva Miguel, una vecina de Benabarre titulada en gestión ambiental, fue clave para poner en marcha a finales de abril de este año en esta villa ribagorzana un proyecto de una ecohuerta vecinal que ha tenido una notable respuesta ciudadana. La cesión de unos terrenos realizada por las vecinas Margarita Pueyo y Mari Luz Ferrer y la colaboración del Ayuntamiento de Benabarre, que consiguió que el proyecto se pudiera incluir en capítulo de “Actividad Financiada en el 80% por DPH”, fueron las otras patas de banco imprescindibles para que esta iniciativa echara a andar la pasada primavera.
Con el objetivo principal de fomentar la educación y divulgación medioambiental, este proyecto de ecohuertas se basa en fomentar la recuperación de antiguos huertos sin cultivar, así como métodos de trabajo tradicionales y ecológicos que minimizan el impacto ambiental en el entorno.
En Benabarre, el desarrollo del proyecto ha consistido en sesiones formativas en aula y en el terreno, para que los vecinos de la localidad, muchos de ellos sin conocimientos previos de horticultura, sacaran adelante su propio huerto ecológico apoyados de una comunidad creada por todos los participantes y el asesoramiento constante de una profesional. Como resultado, una decena de vecinos tienen su propia parcela asignada para poner en práctica todo lo aprendido y también cuentan con una zona comunitaria en la que trabajan todos de forma colectiva. Otros muchos, con huertos propios en otras zonas, se han beneficiado de la formación y el asesoramiento para la mejora productiva o para la reconversión a ecológico de sus plantaciones.
En el terreno, además de las parcelas de cultivo, se ha habilitado una zona para las composteras, para transformar los residuos vegetales del propio huerto como sustrato para la próxima temporada, y la zona de umbráculo, en la que se ubica el semillero para preparar la futura plantación ecológica.
Sus promotores resaltan «el gran impacto social» del proyecto; «es muy satisfactorio ver cómo los integrantes colaboran entre ellos para regar, recolectar, intercambiar semillas o merendar melones sabrosísimos recién cogidos en la propia huerta en un ambiente de lo más familiar, o la colaboración de numerosos vecinos que se han implicado de forma desinteresada realizando las tareas más arduas para el acondicionamiento del terreno», reconoce la técnico municipal María José Sánchez.
Tras el éxito de esta temporada y el interés de nuevos participantes, la ecohuerta benabarrense ultima este mes de octubre su fase de asesoramiento, pero ya se prepara para su continuidad en las próximas estaciones.
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