Los agricultores y ganaderos ribagorzanos denuncian los cañones antigranizo

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La extrema sequía que estamos sufriendo en los últimos meses ha reavivado en la Baja Ribagorza una ya antigua polémica sobre los efectos perniciosos que genera la utilización de cañones antigranizo en las zonas vinateras del vecino Somontano sobre la pluviometría de este territorio.
Lo que ha sido un tema recurrente durante las pasadas semanas en las conversaciones de los agricultores y ganaderos ribagorzanos ha cobrado un nuevo impulso tras la decisión adoptada por la jefatura de la 8ªZona de la Guardia Civil, que engloba a todo Aragón, de atender las reclamaciones de una veintena de municipios del entorno de la lagunas de Gallocanta –a caballo entre las provincias de Zaragoza, Teruel y Guadalajara- que achacan en buena medida la escasez de lluvias en esa zona al funcionamiento de los sistemas antigranizo y alertan especialmente del uso de avionetas para romper las tormentas.
La Asociación de Cultivadores y Recolectores de Trufa de Aragón se ha sumado a esta reclamación y envió recientemente un comunicado a los alcaldes de los municipios implicados haciéndoles llegar su apoyo. Su presidente, el ribagorzano José Vicente Girón, se muestra concluyente al señalar que para los agricultores y ganaderos ribagorzanos la utilización de los cañones antigranizo está suponiendo «la ruina total». «Está todo seco, todos los árboles se están muriendo y no hay pastos para el ganado», comenta Girón reconociendo que los agricultores y ganaderos están «muy preocupados» y apuntando que la supuesta inocuidad de los sistemas antigranizo que defienden sus defensores se cae por su propio peso «ya que si no afectaran a las tormentas, no los utilizarían».
Uno de los principales truficultores de Aragón es José Luis Angusto, una de cuyas fincas en la zona alta de la sierra de Laguarres le ofrece una excelente panorámica de una amplia zona de las comarcas de Ribagorza, Sobrarbe y Ribagorza. Desde esta finca se ha convertido en un privilegiado observador de la evolución de las tormentas que se forman sobre este territorio y de cómo muchas de ellas se deshacen artificialmente antes de poder descargar el agua. En un verano extremadamente seco, la Baja Ribagorza escasamente ha recibido 20 litros desde el pasado mes de junio, Angusto denuncia que los sistemas antigranizo han desbaratado cinco tormentas en el pasado agosto y otras tantas en septiembre. «Antes de que se plantaran las viñas en plan industrial, incluso en los años más secos, sobre esta zona caía en agosto el agua de cinco o seis tormentas que dejaban entre cincuenta y sesenta litros de agua que ayudaba a mantener vivo el monte y a refrescar el ambiente», sostiene mientras deja vagar su mirada por los ahora resecos bosques que rodean su finca.
Bosques de encinas, árboles de hojas perennes, en los que predomina hora la tonalidad marrón que indica la muerte de muchos de los ejemplares. Incluso en su finca, dotada de sistema de riego por goteo, son numerosas las encinas micorrizadas y las almendreras que no han podido soportar el estrés hídrico de este verano. Angusto comenta que desde sus tierras ve perfectamente cómo se van formando las tormentas, que a esta zona llegan siempre desde el sur, y cómo son reventadas en la zona de las viñas quedando desechas antes de que puedan descargar y denuncia que si se hubieran dejado pasar esas nubes cargadas de lluvia la situación no sería tan extrema como la que se está viviendo en estos momentos «con los montes y su fauna seriamente afectados por la ausencia de precipitaciones, las truferas naturales perdidas, las cultivadas muy tocadas, las superficies de huerta arrasadas, por no hablar de la apicultura o de las setas, y con un enorme riesgo de incendios que pueden ser devastadores».
Este truficultor define la situación como un caso de «terrorismo medioambiental». Recuerda que en 2014 cayeron sobre la zona 800 litros de agua por metro cuadrado, «algo que casi ni recordaban los mayores», pero que incluso entonces las tormentas hacían un vacío en la zona de las viñas del Somontano porque los sistemas antigranizo deshacían las nubes. Señala así mismo que en 2006, año todavía más seco que éste ya que sólo se recogieron 234 litros en la zona, los cañones deshicieron quince tormentas. Ante esta situación, Angusto aboga por una mayor concienciación social sobre los efectos «perniciosos a todos los niveles» de la utilización de los de destrucción de tormentas «cuya utilización beneficia a unos pocos mientras que arruina a muchísimas personas y arrasa con el medio ambiente».

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