Antonio Lozano, el presidente de la Federación de la Fruta Dulce de Aragón (Fedefruta Aragón) y representante de FEPEX en la región, encabeza una etapa marcada por el mantenimiento del sector frutícola como uno de los líderes exportadores en Aragón. Frente a desafíos clave como el relevo generacional, la diversificación ante el cambio climático y el descenso del consumo de fruta dulce, Lozano destaca la apertura del mercado chino como “una ventana muy interesante” para la cereza aragonesa, gracias al nuevo protocolo bilateral.
¿Qué significa el sector de la fruta en la agroindustria aragonesa?
El sector de la fruta es muy importante porque el 25% de la fruta que se produce en España se produce en Aragón. Por eso la apuesta por este sector tiene que seguir siendo decisiva.
¿Qué retos afronta el sector en este momento?
En este momento, uno de los grandes retos que afronta el sector es el relevo generacional. También es el caso de la internacionalización. De cara a próximos años tenemos el objetivo de cumplir con el protocolo de China, del que esperamos que la cereza pueda tener cabida en este destino.
Y, después, la diversificación, modernización agraria, adaptación de nuevas variedades al cambio climático… Buscamos sobre todo el contacto con el consumidor final para intentar mitigar el descenso en el consumo de la fruta dulce que tenemos en España y en Europa. En los últimos diez años, en el consumo de manzana y pera hemos llegado a ver disminuciones de hasta un 30%.
¿La actual estructura agrícola de Aragón puede afrontar el reto? ¿Y qué necesita para afrontar ese reto de la modernización?
La estructura actual que tenemos en Aragón es fuerte y potente. Hay cooperativas, hay empresas grandes, empresas industriales, fondos de capital riesgo que están apostando por nuestro sector. Yo creo que al final, la existencia de un foro en el cual podamos estar todos presentes para poner en valor el producto es lo más interesante de cara a plantear y solucionar todos los retos que se nos plantean.
¿Cuál es el papel de las pequeñas explotaciones aragonesas?
Somos muchas las que convivimos en esta asociación. Las pequeñas explotaciones nos ayudan a fijar población y mantener el territorio. Su viabilidad pasa por estar agrupadas en pequeñas cooperativas o vinculadas a un comercializador de la zona de forma fiel. Su principal reto es conseguir agruparse y encajar en la vida actual para crear explotaciones económicamente viables.
¿Qué superficie hace viable una explotación frutícola?
Esa pregunta es difícil de responder. Por ejemplo, la cereza es una fruta con un gran valor añadido y las explotaciones consiguen rentabilidad con pocas hectáreas, pero cuando entramos en explotaciones de fruta de hueso o pepita son necesarias al menos 30 hectáreas. Además, hay que tener en cuenta que para ser rentable, una explotación debe ser capaz de mantener su capacidad de inversión, renovación y adaptación a los mercados.
Y en todo este espacio, ¿Qué papel juega la asociación?
El fundamental es el apoyo de conocimiento a las pequeñas explotaciones. Dar seguridad a los fruticultores de que los requisitos en materia laboral se cumplen y de esta forma pueden trabajar con tranquilidad. Dentro de la aportación en conocimiento, estamos permanentemente documentando sobre sistemas de riego, jornadas, experiencias y también participamos de proyectos como el Grupo Operativo Supraautonómico FITOSCEREZO.
¿Y frente al reto del relevo generacional?
Aunque ese papel corresponde a otro tipo de organizaciones más transversales, desde la Asociación nuestro papel es más –como he dicho– aportar conocimiento sobre la fruta a los agricultores que quieran emprender el reto.























