Por Asun Porta
Algunos de los más famosos escritores fueron antes docentes, como por ejemplo J.K. Rowlling, autora de Harry Potter, Stephen King, J.R.R. Tolkien y hasta el mismísimo Antonio Machado fue profesor de instituto. Pero quisiera referirme aquí a maestros de escuela, los que hemos enseñado a leer y escribir a los más peques, los que les hemos narrado y leído cantidad de cuentos y poesías sentados en una alfombra mientras mirábamos esos ojos abiertos, esas expresiones que cambiaban según transcurría la historia y que nos emocionaban. Esos maestros y maestras que desde nuestra pequeña biblioteca de aula, la del cole o la del pueblo, hemos tratado de despertar esa curiosidad por los libros y por lo que ellos contienen y que de tanto deseo por sembrar la semilla, ella también ha germinado en nosotros y hemos acabado escribiendo y hasta publicando; conseguirlo ha sido un precioso sueño cumplido.
Estos días supe que mi querido compañero de clase durante cuatro años (COU más los tres de Magisterio), Alejandro Oliván Alvira, había publicado su primer libro y me apresuré a hacerme con él.
Alejandro es natural de Huesca y reside en Monzón. Es psicólogo, maestro, logopeda, actualmente está jubilado. Ejerció como maestro durante cuarenta y un cursos, los veinticuatro últimos en el Centro Público de Educación Especial “La Alegría” de Monzón y además de haber demostrado siempre por su compromiso con la educación, su pasión por esta profesión, hay otra que le acompaña por sus adentros y son sus nietas.
Alejandro ha recogido durante toda su vida sus anécdotas más divertidas o emotivas y lo ha hecho por escrito porque es la única forma de que no se cambien los detalles o las historias se transformen con el tiempo y que, a base de contarlas, acaben siendo leyendas.
Historias reales de mi yayo, editado en Amazon, contiene una selección de anécdotas entrañables, pequeños trocitos de vida que le contaba a su nieta Carolina en esos viajes cuando iba a buscarla al colegio. Un emotivo legado para esas nietas que adora.
Alejandro además de sacarnos una sonrisa o algún otro sentimiento, ha añadido también unas preguntas para que los niños y niñas piensen y reflexionen, porque aunque estemos jubilados nunca dejamos de ser maestros…
Para disfrutarlas en familia o en la escuela, para leerlas en el sofá, antes de dormir o sentados en una alfombra alrededor de un maestro que le brillan los ojos y no es otro que el reflejo de los niños y niñas que le escuchan.
Dedicado a todos los maestros y maestras que escriben para seguir compartiendo vivencias, emoción e ilusiones, y sobre todo aquellos que lo hacen con generosidad y a corazón abierto como Alejandro.























