El huerto ecológico del colegio Asunción Pañart de Aínsa continúa con su ambiciosa trayectoria integrando a cada vez más estudiantes del centro. También a docentes, padres y madres y, recientemente, al alumnado de la Escuela de Adultos comarcal. Con su colaboración, se ha puesto en marcha un taller de hierro donde una docena de personas se reúnen semanalmente y construyen herramientas necesarias para el huerto.
No obstante, los objetivos que persiguen sus ideólogos, Emilia Puyuelo y Juan García, van más allá del propio suministro de aperos, destacando por encima del resto la recuperación de la ancestral costumbre de transmitir el conocimiento de mayores a pequeños, al tiempo que se generan espacios de creatividad y convivencia gracias al apoyo de las administraciones públicas locales.
En total, una docena de hombres y mujeres matriculados en la Escuela de Adultos están apuntados a este taller desde el mes de enero. Los frutos del trabajo bien hecho comienzan a verse: jadicos, cuchillas, gubias, martillos, hachas, rastrillos… La colección es amplia y se aprecia en ella el cariño con que sus fabricantes han dado forma a materiales reciclados procedentes de maquinaria agrícola y de la industria del automóvil.
«Invitamos a las personas matriculadas en la Escuela de Adultos a participar del huerto escolar. Comenzaron a venir pero se les quedaba corto, querían aportar algo más, y ya llevábamos tiempo dándole vueltas a la idea del taller de hierro», explica el tutor Juan García. Poco a poco, el aula del huerto escolar ha ido transformándose en un aula multidisciplinar que incorpora a miembros de todas las edades, siendo sus protagonistas los más pequeños, que ya superan el centenar. De esta forma, además de preparar la tierra, plantar, regar y recoger la siembra, los estudiantes están aprendiendo a dar vida a elementos naturales del entorno. «Ya lo hacían nuestros abuelos. La sarga, el pino, la caña, el barro, la paja y la piedra se empleaban para hacer cosas útiles. Y nosotros tirando de creatividad y adaptándonos a los tiempos modernos estamos fabricando juguetes, instrumentos musicales, cestería, construcciones, estructuras…», continúa García. «En todas estas tareas juega un papel fundamental el hierro. Con el hierro manejamos la piedra, la madera… Y como necesitamos muchas herramientas, estamos construyéndolas para emplearlas aquí».
«Nos alegra ver cómo avanza el huerto y las actividades paralelas que se están generando en torno a él», explica la concejala de educación Tatyana Lukashenko. «La iniciativa de Emilia y Juan es una maravilla porque implica a personas de distintas edades y saberes y complementa a la perfección el proyecto original del huerto, del que no nos cansamos de recibir buenas noticias. Ejemplo de ello el reciente premio ‘Ciudades y pueblos que alimentan 2024’ otorgado por la Red de Municipios por la Agroecología a la que pertenecemos». El ayuntamiento se encarga de aprovisionar al taller de hierro de materiales de protección y herramientas como el equipo de soldadura o radiales. Allí se enseña a manejar la fragua o a soldar, y fabrican no solo herramientas, sino también elementos decorativos como los percheros que lucirán próximamente en el centro cultural o un aparcabicis, último encargo del propio consistorio.
Participan mujeres y hombres, desde personas jubiladas familiarizadas con la profesión, a personas muy jóvenes atraídas por la curiosidad de aprender un oficio tradicional y de compartir e intercambiar experiencias y conocimientos. «Esperamos continuar con el proyecto a futuro y llegar a fabricar incluso esculturas», dice Juan García. «Es importante que el ayuntamiento se involucre en estas actividades, y también que nosotros nos impliquemos para sacarlo adelante. Estamos realmente satisfechos».























