Lo que se inició como una aventura de tintes románticos de unos urbanitas con nostalgia del mundo rural se está convirtiendo en una gozosa realidad. El sueño de Javier Selva de recuperar el tomate de montaña que había gozado de gran predicamento en el núcleo grausino de La Puebla de Fantova se va convirtiendo poco a poco en una gozosa realidad.
Ayudado en las tareas agrícolas por vecinos del pueblo y por amigos venidos de la ciudad, este fotógrafo y aventurero madrileño está sacando adelante el proyecto “…que te quiero verde” de reintroducción, producción y comercialización de un tomate rosa de montaña de singular calidad. « El fin de semana pasado fue un buen ejemplo de lo que es nuestro proyecto; muchos amigos trabajando para hacer viable un sueño. Retiramos las mallas antigranizo, se levantaron las 3.600 plantas de tomate del año anterior y se preparó el terreno para la nueva cosecha. Además limpiamos los huertos de unos chopos que amenazaban nuestra integridad física y con eso dimos los primeros pasos para sanear la zona con vistas a los planes de futuro que tenemos», explica el promotor de esta iniciativa que abre nuevas vías de promoción económica del territorio.
Selva comenta que todos trabajaron «mucho y bien», unas 170 horas entre todos, limpiando los diferentes huertos, abonando con estiércol de oveja repartido a mano «y con cariño», pasando el motocultor «un millón de veces», comiendo longaniza asada en las brasas, degustando «con placer» las tapas de trufa en Graus el sábado noche y consiguiendo unas «estupendas» agujetas «que nos acompañaron toda la semana».
Todo para descontar el tiempo que falta Para los nuevos tomates de la cosecha de 2016. «Mil veces me preguntan, aun hoy, que me llevó a establecerme en La Puebla de Fantova. Cómo, viniendo de la más estricta urbanidad, se puede acabar cultivando tomates en uno de los rincones más desconocido de los Pirineos. Depende del día la respuesta tiene un formato u otro, pero lo cierto es que fue por amor. Por amor a las montañas. Por tenerlas cerca, por contemplarlas por la mañana cuando desayuno y por saber que, aunque no siempre las vea, están cerca de mí. Y por eso nuestros tomates son de montaña y los que los cultivan serán siempre montañeses», sostiene Selva.
Desde su puesta en marcha hace ya tres años, el proyecto “…que te quiero verde” ha evolucionado muy positivamente, deparando esperanzadores resultados a los promotores de la recuperación de la plantación del tomate rosa de montaña en el espacio pre pirenaico. La producción en las anteriores campañas ha permitido dar a conocer este producto en los mercados urbanos, principal destino de la producción.
Los tomates de La Puebla de Fantova han viajado a todos los rincones de España y se han podido degustar en Canarias, Galicia, País Vasco, Andalucía, Cataluña, Madrid o Valencia e, incluso, algunos han llegado a Oporto, en Portugal. «Todo un orgullo para un proyecto que tiene entre sus señas de identidad la cooperación, el conocimiento y la sostenibilidad de la agricultura de montaña», explica Selva quien entiende que cuanto más sea conocido este proyecto «más viable será todo este esfuerzo que estamos llevando a cabo».
El proyecto nació con la intención de ir generando iniciativas paralelas y complementarias, algo que ha dado como primer resultado la comercialización de una mermelada de tomate rosa de montaña sin madurar con trozos de naranja y un tomate seco en aceite de oliva virgen extra, dos conservas elaboradas artesanalmente sin ningún aditivo. El proyecto “…que te quiero verde” nació con la intención de producir una cantidad limitada del tomate rosa de montaña que se había cultivado desde tiempo inmemorial en las huertas de La Puebla de Fantova y darlo a conocer en ámbitos y colectivos sensibles a este tipo de cultivos y productos ecológicos, residentes fundamentalmente en el medio urbano. Una de sus características más novedosas es su capitalización a través de la plataforma de financiación colectiva Namlebee dedicada a proyectos de carácter social. Gracias a la aportación de alrededor de cien mecenas de Aragón, Cataluña, Madrid, País Vasco y Holanda se consiguió hace un año reunir el dinero necesario para echar a andar esta iniciativa que pretende generar en torno a ella una serie de propuestas de promoción de otros productos propios de esta zona que, como insiste Selva, «están siendo elaborados por hombres y mujeres que han decidido apostar por vivir en la montaña y mantener vivos sus pueblos y sus paisajes».






















