La esperadísima actuación de los danzantes en el tradicional “ball dels omes” supuso ayer un auténtico momento de catarsis colectiva en el Día Grande de las fiestas patronales de la villa pirenaica. En una Plaza Mayor abarrotada a pesar de ser jornada laborable para los no benasqueses, el sentimiento de intensa comunión de los lugareños con sus tradiciones más queridas impregnó el ambiente en esta jornada en que se honra la memoria de San Marcial.
Lógicamente había menos visitantes foráneos que cuando esta celebración cae en fin de semana pero los vecinos de Benasque –tanto los residentes habituales como muchos hijos de la villa que residen fuera y habían reservado estos días de finales de junio para poder participar en los festejos- se lanzaron a la calle y arroparon con su presencia el protagonismo que tuvo la venerada imagen del patrón. Como se viene repitiendo desde tiempo inmemorial, mientras repicaba la campana mayor de la iglesia, denominada por este motivo “la Marciala”, la multitudinaria y tradicional procesión tras la misa mayor, presidida por la imagen del santo y encabezada por la bandera o pendón rojo carmesí de la cofradía, y el posterior ball dels omes ante esta misma imagen resguardada bajo el enorme tilo de la Plaza fueron los momentos más emotivos de la jornada.
Ataviados con unos singulares y característicos tocados floridos, vestidos con el traje típico aragonés y acompañando la música del ball con unas grandes castañuelas de boj, los cuatro mayordomos abrieron el baile al que se fueron sumando numerosos hombres de la localidad hasta conformar una larga fila que fue dando vueltas por la Plaza formando las características “marradetas”. En las primeras vueltas, los mayordomos en ejercicio dieron la alternativa a quienes les van a sustituir en las próximas fiestas entregándoles una rosa como símbolo de su elección.
El historiador local Antonio Merino reconoce que estos momentos son especialmente «intensos y emotivos» para todos los benasqueses. Para él, se trata de una danza ancestral, probablemente pre-cristiana y de orígenes tanto guerreros como agrícolas. Su estructura conserva fielmente estos orígenes ya que ha sufrido pocas variaciones desde entonces y sigue manteniendo tres partes bien diferenciadas: la llegada de los benasqueses al templo –representada en un baile por parejas ante la estatua de San Marsial-, la oración común –cuando los danzantes rodean la estatua bailando y trazando con su baile en círculos y elipses, las conocidas como “marradetas”, en la Plaza Mayor, frente a la iglesia-, y la victoria final, simbolizada por la reverencia ante el santo.
Pero, aún girando en torno a estos actos tradicionales, las fiestas de Benasque son mucho más y lugareños y visitantes pudieron disfrutar también de actividades lúdicas, de un intenso Festival de Jotas y de las animadísimas sesiones de baile.
Los festejos vivirán hoy otro de sus momentos especialmente intensos cuando, a las siete de la tarde, comience el “Ball de les Dones”, así conocido porque, frente al de ayer exclusivamente masculino, intervienen en él las mujeres acompañando a los hombres en sus evoluciones. Las esperadísimas actuaciones de la Ronda de Boltaña y de la Bogus Band o la VIII Marcha Cicloturista Infantil serán otros de los alicientes festivos de la jornada.
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