MONZÓN: ‘El Verbo Odiado’, telonero de Christina Rosenvinge

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El concierto de Christina Rosenvinge de este viernes, 20 de octubre, en el Auditorio San Francisco, se enriquece con la actuación previa del grupo altoaragonés “El Verbo Odiado” (sin alteración del precio de las entradas).

La Concejalía de Cultura informa de que “El Verbo Odiado” iniciará su actuación puntualmente a las 22.30 h., y Rosenvinge a las 23.00 h. Entrada: 8 euros. Entrada RAEE: 6 euros. Con el bono cultural: 5 euros. Venta anticipada en el SAC (mañanas) y la Casa de la Cultura (tardes).

El Verbo Odiado (biografía).- << El Verbo Odiado, en sus inicios proyecto personal del músico oscense Jorge Pérez, nace en otoño de de 2012 en Huesca. El folk más intimista marca su primera etapa, reflejada en su primer trabajo, “Miedos, ilusiones y un hombre medio” (2012), disco construido sobre la espartana propuesta de una guitarra y un micro.

A medida que su sonido se vuelve más eléctrico, denso y compacto van incorporándose nuevos miembros al proyecto hasta llegar a la formación actual, compuesta por Jorge Pérez (guitarra y voz), Jose Ibañez (bajo), Juan Ramón Plaza (batería), Jorge Moreno (guitarra) y Adrian Mored (guitarra).

Así, el grupo graba, respectivamente,  en marzo y septiembre de 2015 dos nuevos trabajos, “El verbo odiado” y “Cazador”. Título este último, por el que la banda fue nominada en los Premios de la Música Aragonesa en la categoría de mejor EP aragonés del año.

Tras haber compartido escenario con nombres como La Habitación Roja, PLV Havoc, McEnroe o Rufus T Firefly, El Verbo Odiado espera da un nuevo paso en su camino, grabando en agosto de este 2017 su primer larga duración, trabajo que previsiblemente saldrá a la luz en el último tramo del año. >>

Rosenvinge se presenta: << Después de que se editara la caja recopilatoria Un caso sin resolver (Warner, 2011) la inercia parecía llevarme a ese momento en que los músicos se dedican a darse el gusto de regrabar sus clásicos (recoger la cosecha, lo llaman). Pero qué quieren que les diga, mirar hacia atrás se me da muy mal. Si meto las manos en los bolsillos siempre encuentro nuevas semillas que mutan gracias a la experiencia y la curiosidad a partes iguales. Me es imposible negarme a tirarlas al aire a ver qué pasa.

En seguida me puse a componer otra vez. Las canciones que sobrevivían a la criba las iba grabando en garage band. Pasaba tanto tiempo entretenida con la programación y los arreglos que eso se convirtió en una nueva forma de composición. Las circunstancias parecían alejarme del pop confesional y el formato semi-electrónico encajaba especialmente bien con la temática cuasi metafísica de las letras, que giraba alrededor de las múltiples crisis que crecían a mi alrededor amontonándose sobre mis pequeñas crisis personales, muy serias las primeras y muy cómicas las segundas.

Escribir sobre la catastrófica actualidad sin caer en tópicos me parecía tarea imposible, pero después de varios intentos empecé a abordar cuestiones como la responsabilidad social (“Alguien tendrá la culpa”), la desigualdad de sexos (“La tejedora”), y estas me llevaron a otras cuestiones más complejas como la construcción de la identidad (“Lo que te falta” o “Segundo acto”) o la funcionalidad de dedicarse al arte (“La absoluta nada” o “Liquen”), a hacer algún recuento ligero de mi propia vida (“Romeo y los demás”), inquietarme mucho por el futuro y finalmente, a falta de recursos filosóficos más elevados, acabar llamando al tiempo “ese cabrón” y a la muerte “la muy puta” antes de refugiarme con un corte de mangas en la urgencia del cuerpo y la dictadura del presente con “Balada obscena”.  >>

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