Grito de auxilio por Castarlenas

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La situación no permite ya dilaciones. La monumental iglesia del despoblado de Castarlenas amenaza ruina inminente y los próximos fríos, lluvias y nieves invernales no van a ayudar a preservarla. Los derrumbes en su estructura y la peligrosidad cada vez más evidente que desprende su fábrica han encendido todas las alarmas y ello ha hecho que varias entidades cívicas de la zona hayan reclamado una actuación inmediata para preservar la estructura y comenzar un posterior proceso de rehabilitación de este conjunto gótico-renacentista de innegable valor artístico e histórico.
La última denuncia sobre este, parece que inevitable, proceso de ruina la han realizado la Asociación de Amigos, Residentes y Vecinos de Torres del Obispo y el Centro Excursionista Ribagorza. Varios integrantes de esta segunda entidad subían el miércoles al despoblado y constataban el imparable avance de los derrumbamientos de la fábrica del edificio. «No sin problemas logramos llegar hasta la magnífica portada de su iglesia parroquial y comprobamos muy desalentados que la ruina ha avanzado considerablemente en el pueblo desde la última visita en la primavera pasada», señala Carlos Bravo, uno de los participantes en esta visita, que lanza una «llamada de emergencia» para intentar salvar la portada de la iglesia «antes de que sea demasiado tarde». «No estamos muy sobrados de buenas muestras de arte renacentista en Ribagorza y sólo por eso ya merecería la pena el esfuerzo, pero es que además se trata de un elemento de gran calidad artística que corre un peligro más que evidente de desaparecer por la incuria de todos», comenta Bravo quien urge «tanto a los responsables políticos y patrimoniales como a los ciudadanos de a pie» a tomar conciencia de la situación de este conjunto monumental «que se degrada a ojos vista y cuya ruina puede ser irreversible en muy poco tiempo».
En idénticos términos se expresa Alfredo Burrel, de la Asociación torrense y alcalde pedáneo del núcleo de Torres del Obispo, vecino de Castarlenas. Burrel reclama la «inmediata» implicación de la clase política, del obispado y de los sectores culturales para salvar la que define como «una auténtica joya» y considera también «imprescindible» una actuación en los cercanos silos románicos de la localidad, únicos en Aragón.
No es la primera vez que se lanza una llamada de auxilio para conservar este templo que domina desde un altozano el territorio del Valle del Sarrón. En 2014, varias asociaciones culturales y sociales del territorio daban la alarma sobre su acelerado proceso de degradación y solicitaban una urgente actuación en la iglesia del despoblado de Castarlenas para, al menos, salvar la delicada portada renacentista. Algo después, se barajó la posibilidad de crear una fundación para alentar su restauración, pero la iniciativa no acabó de concretarse.
Castarlenas es ahora un lugar abandonado perteneciente al municipio de Graus pero históricamente tuvo sus momentos de gloria como atestiguan tanto la magnitud de los restos de algunas de sus viviendas –hoy totalmente arruinadas- como la monumentalidad de la que fuera su iglesia parroquial.
Castarlenas es una localidad de la Baja Ribagorza perteneciente al municipio de Graus y despoblada desde los años setenta del pasado siglo pero que en épocas anteriores llegó a tener una gran importancia económica y estratégica en la zona. De ese pasado esplendor da fe el monumental conjunto de su parroquial de San Pedro Apóstol, levantado a mediados del siglo XVI siguiendo la pauta de las construcciones de transición entre el gótico y el renacimiento, muy habituales en el sur de Ribagorza y en las zonas vecinas del Somontano y La Litera, con unas notables dimensiones, una vistosa galería de arcos de medio punto de ladrillo y una airosa torre que destaca como un vigía en el horizonte del valle. Su portada, de estilo típicamente renacentista, está flanqueada por columnas corintias, con abundantes motivos de “candelieri”, angelotes, máscaras relativas a la muerte y personajes desnudos que portan cuernos de la abundancia y cintas con frutos en las dovelas de la rosca, los riñones laterales y las jambas, y es uno de los mejores ejemplos de escultura de la época plateresca que existen en este territorio ribagorzano. Su interior, con cada vez más derrumbes y daños que en breve serán irreversibles, todavía conserva las bóvedas de crucería finamente labradas.
No existen datos concluyentes sobre el autor de esta iglesia y el de su impactante fachada aunque sí hay constancia de que en 1556 el escultor Joan Tellet realizó el pórtico de la iglesia de la Virgen de la Peña y que dejó allí su firma para atestiguarlo. En este mismo pórtico labró una puerta para la capilla de San Juan de Letrán que reproduce un modelo del III Libro de Arquitectura del tratadista Sebastián Serlio. Significativamente, las enseñanzas de Serlio aparecen aplicadas en otras fachadas como la de la iglesia de la Asunción de Lascuarre que, atribuida al picapedrero y tallista Jaques de Anduxes por ser vecino de la localidad en esos años, es obra contemporánea de la anterior y toma como modelo el Arco de Borsari de Verona que aparece también en el Libro III del arquitecto manierista italiano.
Pero el modelo se mantiene en la zona durante varias décadas y la iglesia de San Sebastián de Laguarres –muy parecida estilísticamente a las dos anteriores- se puede datar con relativa precisión en 1586, fecha que figura en su portada junto a la firma del maestro ejecutor Antón Orsín, natural o residente en Graus, a quien algunos autores atribuyen obras similares en otras iglesias de la baronía de Castro de características parecidas y, entre ellas, ésta de San Pedro en Castarlenas.

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