La alteración radical de la realidad cotidiana que ha provocado la crisis del coronavirus afecta a todos los órdenes de la vida. No hay una sola actividad que escape de su sombra, como han podido comprobar en la Cofradía de la Virgen del Rosario de Graus donde sus cofrades se han visto obligados a recortar sensiblemente el programa de las sesiones del tradicional Rosario de la Aurora que singulariza las noches del fin de semana grausino en este mes de octubre.
La necesidad de respetar las recomendaciones sanitarias y de mantener, por ejemplo, la distancia social ha obligado a cofrades y parroquia a suspender los recorridos por las calles de la villa ribagorzana de la Despierta que arranca habitualmente a las cinco de la mañana y que, con sus cantos y letanías, anima a los vecinos a sumarse al cortejo. Por ello, el programa en este extraño 2020 se iniciará la próxima madrugada del sábado al domingo, y el resto de las jornadas, a las siete de la mañana en la Iglesia de San Miguel, con el rezo del Ángelus, la interpretación de alguna canción de las que se suelen interpretar en esta Despierta y el resonar de la campana que acompaña su desarrollo. Media hora después, los asistentes rezarán el rosario y a las ocho se celebrará la misa habitual de esta singular convocatoria religiosa.
En condiciones normales, el rezo del Rosario de la Aurora y la Despierta precedente es una cita religiosa cuyos orígenes se remontan en Graus a comienzos del siglo XVII –con la llegada de los dominicos-y que se desarrolla en esta localidad todos los domingos del mes de octubre, además de la festividad de El Pilar y la de Todos los Santos.
Fue muy habitual en las poblaciones con presencia dominica, pero ha ido desapareciendo o mutando a otros horarios a lo largo del pasado siglo, siendo Graus uno de los pocos sitios en España donde el Rosario de la Aurora se conserva en su manera tradicional. Aquí sigue teniendo un gran poder de convocatoria, que se está revitalizando incluso en los últimos años, ya que la participación ha llegado a alcanzar las cuarenta personas, cuarenta valientes que no tienen pereza a la hora de acercarse a las cinco de la mañana hasta la Glorieta de Joaquín Costa para rezar el Ángelus y arrancar desde allí un trayecto con veintidós paradas por el casco urbano grausino invitando a los vecinos al rezo con canciones y plegarias alusivas, celebrar una procesión con la Virgen del Rosario y concluir a las ocho en la capilla del Santo Cristo de la parroquial de San Miguel con la misa oficiada por el párroco.
En su versión “normal”, las antiguas canciones de devoción mariana y de tradición agrícola –no en vano los dominicos que la popularizaron en Graus utilizaban esta Despierta para llamar al trabajo a sus jornaleros-, se acompañan por el tañer de una campana que resuena en las silenciosas vías públicas en las que los procesionantes caminan pertrechados con linternas con las que para poder leer los textos de esas canciones alusivas que acompañan su trayecto.
En su marcha por las calles de la villa, los participantes en la Despierta hacen las ya comentadas veintidós paradas -siempre las mismas y a las que se añade una más el día de Todos los Santos- y cantan alguna de las más de cien canciones que se han conservado del legado tradicional lo que, como recuerda Teresa Mur, la priora de la cofradía grausina, «permite que todos los domingos las tonadas sean distintas». Mur señala que las jornadas del Pilar y de Todos los Santos cuentan con canciones específicas de las respectivas celebraciones.
El recorrido por las calles grausinas de la Despierta se prolonga habitualmente por espacio de dos horas hasta que, cumplidas las siete de la mañana, y tras compartir los fieles un almuerzo en el mesón parroquial en un ambiente distendido, se inicia la procesión del Rosario de la Aurora que en Graus, contra el decir popular, discurre siempre marcada por la fraternal camaradería de los asistentes. Una realidad que este año se va a ver modificada por culpa de la pandemia pero que los cofrades esperan poder recuperar íntegramente en 2021.
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