Benabarre ha recibido con gran satisfacción la noticia de la declaración de la antigua cárcel de su partido judicial como Bien de Interés Cultural, en la categoría de conjunto de interés cultural, lugar de memoria democrática de Aragón. De esta manera, tras la declaración del barranco de la Bartolina, la prisión de la localidad oscense se convierte en el segundo lugar de memoria democrática que declara el Gobierno de Aragón.
La teniente de alcalde benabarrense, Yolanda Castelló, hacía pública esta satisfacción y reconocía que se trataba de «una excelente noticia» que abre una vía «muy necesaria» para poder gestionar la llegada de fondos con los que acometer un más que necesario proyecto de rehabilitación del edificio y su posible conversión futura «en un centro museístico, cultural y de referencia de la memoria histórica aragonesa». Para Castelló, este reconocimiento supone «un punto de partida» para un ambicioso programa de actuación en el conjunto penitenciario desde ahora protegido que pasa, en un primer momento, por consolidar su techumbre gravemente amenazada y, a partir de ahí, poner en marcha un plan director para su rehabilitación integral en cuyas líneas maestras viene trabajando el consistorio benabarrense en los últimos años.
Esta histórica prisión, que dio servicio al ya desaparecido partido judicial benabarrense, fue acondicionada como tal a mediados del siglo XIX al rehabilitarse y reutilizarse el edificio que ocupaba desde 1604 el antiguo convento de Agustinos Descalzos de la localidad, que fue objeto del proceso de Desamortización desarrollado en 1837 bajo la presidencia de Juan Álvarez de Mendizábal.
Su funcionamiento como cárcel del partido judicial abarca el periodo que va desde 1866 a 1974. Su época de mayor actividad se sitúa entre los años 1936 y 1956, y muy especialmente durante los años 1938 a 1940, de ahí su especial relevancia en este periodo histórico.
Años más tarde, tras la reordenación de los partidos judiciales en la provincia a mediados de los años 60, Benabarre se integraría en el de Barbastro y su cárcel fue cayendo en desuso progresivamente. En su última etapa pasó a ser un depósito municipal, que acabó cerrándose definitivamente en 1974.
Para su declaración como BIC ha pesado mucho el hecho de que esta cárcel de Benabarre es un modelo de prisión del período a caballo entre los siglos XIX y XX, siendo la única conservada de estas características, y que fue utilizada de forma intensa durante la guerra civil y la primera postguerra -en concreto durante el periodo comprendido entre 1938 y 1940- dejando testimonio del modelo de gestión del internamiento penal del momento, con espacios diferenciados para hombres y mujeres, ya que se trató de una prisión mixta.
Aunque con serios problemas en el techo, en las escaleras de acceso a las diferentes plantas y en los forjados de algunas de ellas a los que hay que dar una urgente respuesta, la cárcel benabarrense mantiene íntegra su estructura original, realizada en piedra mampostería, con pilares de ladrillo y rejas en las ventanas. En ella se observan la reutilización de paramentos del castillo con sus correspondientes marcas de cantería, así como –según los promotores de su declaración como BIC- «elementos suficientes para garantizar la evocación como Lugar de la Memoria Democrática de Aragón». Entre ellos, conserva los grafittis de los prisioneros como testimonio directo de sus sueños y privaciones.
Entre los elementos preservados del edificio, esta prisión mantiene la estructura íntegra de las alas de las celdas y, en diferentes grados de conservación, las celdas –treinta y dos- de los presos, los retretes, la numeración de las celdas, las puertas, los respiraderos, los pasillos de la cárcel y las diferentes estancias comunes y para uso del personal penitenciario.
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