Chía vive intensamente su Feria de la Patata

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Centenares de personas se dieron cita ayer en la localidad ribagorzana de Chía para participar en los actos convocados con motivo de la sexta edición de la Feria de la Patata de la localidad. Una soleada y muy agradable jornada en lo climático dio la bienvenida a los presentes, llegados desde las más variadas procedencias, y dejó en evidencia unas predicciones meteorológicas que retrajeron a otros tantos posibles asistentes que se asustaron ante la anunciada posibilidad de que la lluvia, o la nieve, arruinaran la celebración.
Aún así, las calles de esta población pirenaica bulleron durante toda la jornada con al animación de unos visitantes y lugareños que dieron buena cuenta de las 1600 raciones de la sabrosa caldereta de tocino con patatas que fue cocinada en directo por el reputado cocinero Antonio Arazo, un habitual colaborador de la Asociación de Productores de Patata de Chía en la programación, preparación y desarrollo de este evento que se ha sabido ganar un hueco en la agenda de gran cantidad de aficionados a la gastronomía, alentados tanto por la innegable calidad del tubérculo que se produce en esta localidad situada junto a los picos más altos del Pirineo como por excelente hospitalidad y ambiente que reina durante la jornada.
Todo ello ha conseguido que la Feria se haya consolidado como un eficaz altavoz de las bondades de esta patata que simboliza la voluntad de las gentes del entorno rural de reivindicar las excelencias del producto de cercanía. Buena prueba de ello es el aumento casi exponencial del terreno dedicado a su cultivo y del sustancial incremento de su producción en los últimos años –en este se ha conseguido recolectar en torno a las 80 toneladas que han tenido una venta prácticamente inmediata- recuperando su histórico prestigio en la zona y llegando cada vez más a mercados antes imposibles de imaginar.
Y es que la producción de patata en Chía, que históricamente había sido un pilar en la economía local, cayó en barrena en las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo y su recuperación, que se planteó hace ahora una década como un proyecto de relanzamiento de un cultivo tradicional en una zona de montaña, se ha consolidado como un referente de las potencialidades del territorio. Acompañado, además, por una fuerte componente social ya que la comercialización del producto se ha dejado en manos del Centro de Integración Socio Laboral El Remós que está desarrollando una muy interesante labor de promoción del producto.

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