Denuncian la dejación del ayuntamiento de Graus en la conservación del patrimonio

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La sentencia popular señala que las comparaciones son odiosas. Posiblemente así sea, pero muchas veces son esclarecedoras y eso es algo que queda bien patente con la que ha realizado y difundido en las redes sociales el profesor y experto en románico Francisco Martí a cuenta de la situación que presentan dos capiteles medievales muy semejantes en factura pero que están corriendo avatares radicalmente distintos que no dejan en muy buen lugar a los responsables de Patrimonio del ayuntamiento de Graus.
«Semejanzas y diferencias. El parecido salta a la vista. Las diferencias son más: la primera imagen corresponde a San Pedro de Rates en el norte de Portugal, la segunda a Torre de Ésera; la primera ubicada en un museo, cuidada, catalogada y con su ficha descriptiva, la segunda incrustada en un montón de piedras, silenciosa y cubierta de polvo como el arpa de Bécquer. ¡Estos atrasados portugueses! ¡Qué manera de perder el tiempo con unos pedruscos!», denuncia con ironía el historiador, cansado de que las insistentes reclamaciones que viene haciendo desde hace varios años para que se retire el capitel ribagorzano de su actual emplazamiento, incrustado en una amalgama de cemento y materiales sueltos en un muro de refuerzo del depósito de agua del núcleo grausino de Torre de Ésera, reciban buenas palabras por los ediles de turno que hasta la fecha no se han traducido en una actuación efectiva.
Martí comenta que no es la dificultad del empeño lo que está paralizando la preservación del capitel ya que su retirada no tiene ninguna dificultad técnica ni supone un peligro estructural para el muro. En este sentido, considera que «basta con repicar el rebozo en el que está incrustado, retirar este elemento artístico y sustituirlo por unas piedras u otros materiales porque está utilizado sólo como un relleno de la amalgama del muro».
Más allá de su importancia estética y artística, el citado capitel tiene un insospechado valor como testigo de la que fue iglesia parroquial de Torre de Ésera, derruida a mediados de la década de los setenta del pasado siglo y de la que no queda constancia fotográfica –ni física, más allá de este capitel- conocida. «Yo estoy muy interesado en tener documentación gráfica de ella porque tenía origen románico, probablemente como parte integrante de un primitivo cenobio medieval cuyo templo acabó convertido en parroquia, pero por más que he consultado en archivos e instituciones varias y hablado con los vecinos del pueblo y de las localidades cercanas no he conseguido encontrar una sola fotografía de ella, algo que no deja de ser un auténtico misterio ya que es como si se hubiera extendido una “damnatio memoriae” sobre ella», apunta Martí.
Tras su derribo, «por causas de difícil explicación, ya que no presentaba una situación de riesgo que aconsejara esta actuación», el escombro de la iglesia fue dejado en una antigua barranquera cercana al pueblo y Martí está convencido de que la búsqueda entre los materiales que allí se encuentran puede deparar descubrimientos «muy interesantes». «Pero esta es una iniciativa que debe liderar el ayuntamiento», entiende.
Para este experto en románico, no deja de ser un problema pequeño éste de Torre de Ésera, pero evidencia «un descuido generalizado» del Patrimonio en buena parte de Aragón «y que en el municipio de Graus es constatable en casos como los de Puicremá y su iglesia románica con un más que preocupante estado de conservación, Castarlenas y su iglesia que se está arruinando sin remisión, el templo de Grustán, el de Abenozas…, en los que muchas veces no se actúa con la excusa de quién es el propietario». Por ello, Martí considera que la propiedad privada debería involucrarse en la preservación de este patrimonio pero entiende que para incentivar esta implicación «y justificarla con hechos», es imprescindible que se impliquen en igual medida el resto de los ciudadanos y las administraciones que los representan.

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