Druidas y ninfas llenan de música lugares mágicos del Alto Aragón en el SoNna Huesca

0
333

Amorante ejerció de druida en el bosque del barranco de Gabasa y Sheila Blanco hizo de ninfa el sábado en la carrasca de Larredán (El Pueyo de Santa Cruz), dos de los enclaves naturales más sobrecogedores de los que descubrirá la cuarta edición del Festival Sonidos en la Naturaleza. El viernes, los Llanos de Planduviar (Broto) bailaron al ritmo de la kora del senegalés Momi Maiga y completaron una trilogía de auténtica inmersión musical en plena naturaleza.

Festival Castillo de Aínsa 2024 700×200

 

Druidas, poetas vascos de los siglos XIX y XX, y bertzolaris raperos han llenado esta mañana de magia y de sentido el escenario del SoNna Huesca en el barranco de Gabasa (Peralta de Calasanz), de la mano de la trompeta, la voz y la electrónica de Amorante, en el primero de los conciertos matinales de la cuarta edición del Festival Sonidos en la Naturaleza celebrado este domingo.

“Mi tío José Mari iba siempre descalzo y tenía una larga barba que le aportaba un aspecto de druida. Nos dejó libros escritos y muchas historias. Algunas de ellas se las voy a contar”. El guipuzcoano Iban Urizar logró que el público del SoNna Huesca se arrancara a hacer coros en euskera quizá empujado por las lamiak (brujas) que el de Elgoibar se trajo de su tierra para que pasaran el domingo en un lugar al que seguro querrán volver.

El verdor del bosque de ribera, repleto de “cola de caballo” (Equisetum arvense), una planta de propiedades medicinales usada para trastornos de vejiga y riñones; la sombra de los chopos, sauces y nogales, y el fluir del agua hasta quedar retenida en un estanque de cuento infantil, eran el escenario perfecto para la lengua y la música enigmáticas, para un proyecto arriesgado que el público aceptó al final como suyo.

La mayoría de los presentes descubrieron al músico y al paisaje. Y estamos convencidos de que el segundo ayudó al primero. Se llenó el aforo previsto por la organización del festival en el inédito escenario del barranco de Gabasa, el mejor antídoto para una mañana que terminaría siendo calurosa, aunque no en la umbría donde se celebró el concierto.

Se oyó a la Oropéndola y al Petirrojo, al Papamoscas gris y hasta un Torcecuello pareció intervenir. El barranco de Gabasa es un paraíso ornitológico y tal vez algún mirlo trate de imitar ahora a la trompeta de Amorante.

Aventurado y amante de la improvisación ancestral y de vanguardia, Amorante estuvo acompañado de su inseparable trompeta, pero también de sus pedales de mezcla, su armónium indio y un pequeño sintetizador. La música de Amorante es un viaje donde la versatilidad y la experimentación son imprescindibles. Despojado de todo prejuicio, presentó mezclas entregadas a la sonoridad de sus instrumentos y su euskera, que en el barranco de Gabasa encontraron el eco perfecto.

Como también lo hicieron el sábado la voz y el piano de la salmantina Sheila Blanco bajo la imponente carrasca de Larredán, que acogió al público como una gallina a sus polluelos. Era sorprendente ver a 150 personas cobijadas bajo un árbol para ver a Sheila Blanco presentando su trabajo Cantando a las poetas del 27, en el que puso música y sentimiento a los escritos de mujeres como Rosalía de Castro, Josefina Romo, Elisabeth Mulder, Margarita Ferrerras o Dolores Catarineu, coetáneas de Lorca y Alberti, pero con menos eco histórico.

A la sombra de la carrasca centenaria de Larredán, con un tronco múltiple de 5,20 metros de anchura y una copa que abarca más de doce metros de diámetro, el público se sintió a salvo y se entregó a la dulzura y la capacidad expresiva de la salmantina, popular por sus colaboraciones en programas como La Ventana o Sofá sonoro de la SER.

El fin de semana lo inició Momi Maiga el viernes en los Llanos de Planduviar, también con gran éxito de público. El senegalés estuvo acompañado del percusionista catalán Aleix Tobias Sabater, el violonchelista Marçal Ayats y el violinista mexicano Carlos Monfort, tres de los músicos más talentosos residentes en Cataluña. Y allí en Planduviar, escenario habitual del SoNna Huesca, a diferencia de los dos “descubrimientos” citados anteriormente, hubo un diálogo constante entre culturas. Casamance, México y Cataluña se fundieron en un mar de sonidos y ritmos transcontinentales en una tarde bastante fresca, que al público no le cogió por sorpresa.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.