El lamasterio de Panillo celebra la llegada del año del Tigre de Agua

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Con el deseo ferviente de que los próximos doce meses –trece según calendario lunar tibetano- sean «mucho más auspiciosos» que los de los dos años anteriores marcados por la pandemia y la inseguridad a todos los niveles, la comunidad budista de Panillo ha dado este jueves la bienvenida al año 2149 del calendario tibetano que llega bajo la figura simbólica del Tigre de Agua. Un Año Nuevo que, según las tablas astrológicas que rigen este calendario, mezcla el valor y el coraje del felino con la creatividad del líquido elemento.
«Esperemos que esta mezcla sea positiva y podamos vivir un año más tranquilo que los previos», comentaba la presidenta de la Fundación Dag Shang Kagyu y portavoz del lamasterio, Montserrat Montes de Oca, minutos antes de que diera comienzo la ceremonia ritual de purificación y la ofrenda de humo blanco “que todo lo purifica” o “Ri Uo Sang Chö” que ha tenido como colofón el lanzamiento de harina al cielo, el “Gyel Lo”, como expresión del deseo de los mejores augurios, antes de que los asistentes hayan entrado en el templo para realizar las preceptivas ofrendas propiciatorias a Buda y participar en una segunda parte de la celebración.
Recuperando la presencialidad en los actos programados después de que el año pasado tuvieran que celebrarse “online, este Año Nuevo tibetano se ha vivido, no obstante, con una cierta sordina ya que la situación pandémica sigue exigiendo medidas de control y de limitación de aforos. Así lo reconoce Montes de Oca señalando que «a pesar de estar ahora mucho más liberados que hace tan solo una semanas, decidimos mantener un aforo del cincuenta por ciento en los actos en el interior del templo y no dar una excesiva publicidad a la celebración para evitar grandes concentraciones que hubieran podido resultar contraproducentes». Por este motivo, tampoco se invitó, como es habitual, a las autoridades y representantes sociales locales, comarcales y provinciales, aunque la alcaldesa grausina, Gema Betorz, y algunos concejales del consistorio han querido acompañar a sus convecinos budistas en esta jornada festiva.
Como es preceptivo, la llegada de este Año Nuevo 2149 se ha celebrado en Panillo con la ceremonia del Losar, un gran festival que simboliza la victoria del bien sobre el mal y la purificación y la frescura con que se entra en una nueva etapa. Por eso, esta jornada es siempre para los fieles budistas tiempo para grandes fiestas y celebraciones. Unos festejos que se han recuperado esta mañana en el lamasterio ribagorzano con una colorista celebración dirigida por Drugyu Tempa, el lama máximo responsable de Dang Shang Kagyu, que mostraba su alegría por poder vivir esta jornada tan especial para su comunidad y agradecía el apoyo que siempre ha recibido este lamasterio «desde los más diversos ámbitos». En ella, los residentes y compañeros llegados desde los lugares más diversos, aunque en menor cantidad que en años precedentes dada la situación sanitaria y las limitaciones comentadas, no perdían la ilusión ante la llegada de una época de nuevas esperanzas que permita dar carpetazo al período de enfermedades, miedos, guerras y crisis que estamos atravesando.
La ceremonia del Losar supone siempre el momento álgido de una serie de actividades propiciatorias que se han venido desarrollando desde los primeros días de la luna creciente hasta el inicio de la luna nueva que entra ahora.
Los responsables del lamasterio ribagorzano explican que el periodo del año nuevo tibetano se considera un momento importante en la vida de los budistas. Tras los primeros días de la luna creciente del mes de febrero y hasta la luna nueva siguiente, converge todo un conjunto de celebraciones y prácticas que tienen como objetivo finalizar el año en curso y dar inicio al siguiente, creando las mejores condiciones para que esta transición resulte lo más auspiciosa posible para la comunidad budista y para todos los seres en general.
Como ha ocurrido estos dos últimos años en todos los ámbitos de la vida, la comunidad budista de Panillo se ha visto afectada por la situación sanitaria. Montes de Oca reconoce que en los pasados meses se ha reducido sensiblemente la comunidad de residentes en el templo por las dificultades de desplazamiento -«aunque ahora estamos casi en la normalidad de nuevo», apunta- y que han tenido que reconvertir hacia lo digital muchos cursos y actividades que organiza habitualmente este centro en el que viven habitualmente ocho lamas que se desplazan desde este rincón de Ribagorza por toda la geografía nacional para impartir su magisterio.
Lo que sí ha avanzado en este tiempo de confinamiento ha sido la ornamentación y decoración de los elementos constructivos existentes y el avance de nuevos proyectos como el de la construcción de una cafetería en la que se espera atender a los numerosos visitantes que tiene este lamasterio. Montes de Oca cifra en unos 30000 o 40000 los que visitaron Panillo el pasado 2021 -«posiblemente por las dificultades para salir fuera de nuestro país y, durante muchos meses, incluso fuera de nuestra región, lo que hacía más interesante este destino» y apunta que el pasado puente del Pilar fueron alrededor de 5000 los visitantes que recibió el centro.
Volviendo al tema del Losar y el calendario tibetano, uno de los aspectos que llaman la atención al profano es el de la numeración y la nomenclatura de los distintos años. La numeración de este calendario tibetano se computa sumado 127 al año gregoriano. El motivo es que primer año tibetano que se registró fue en el 127 antes de Cristo, cuando Ñatri Tsenpo fue coronado como el primer rey de Tíbet y fundó la Dinastía Yarlung. Siete siglos después, esta dinastía entronizó al rey Songtsen Gampo (604-650), el primer impulsor del budismo en el país.
Por lo que respecta al nombre de los años, también es un tema que tiene su intríngulis. El calendario tibetano no es exactamente lunar sino lunisolar, estando compuesto de 12 o 13 meses lunares que empiezan y terminan en la luna nueva. El decimotercer mes se añade cada 2 o 3 años, de modo que el año tibetano promedio coincide con el año solar (en el que se basa nuestro calendario gregoriano). Los años, a su vez, se agrupan en ciclos de 60 años (rabyung) y dentro de cada rabyung, se nombran como un animal del zodiaco chino –Conejo, Dragón, Serpiente, Caballo, Cabra, Mono, Gallo, Perro, Cerdo, Rata, Buey y Tigre- que se combina cíclicamente con uno de los cinco elementos primordiales Fuego, Tierra, Hierro, Agua y Madera.

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