El mercado de la trufa fresca de Graus pone punto y final a una mala temporada

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El mercado de la trufa fresca de Graus cerró anoche una mediocre temporada trufera marcada por los altísimos precios y la escasez del producto. La extrema sequía sufrida durante buena parte del 2017, los intensos calores de los meses de las pasadas primavera y verano –que agostaron buena parte de la producción- y, como remate, las intensas nevadas y aguaceros de este último tramo de la temporada se han conjugado para que ésta recién concluida haya sido la peor de los últimos años.
Los truferos calculan que, a pesar de la consolidación de la truficultura que ayuda a garantizar una cierta producción media, en esta ocasión se han recogido y han salido al mercado menos de la mitad de los kilos de temporadas anteriores. Aún así, la trufa cultivada ha sido clave para responder a una demanda especialmente intensa ante la falta de oferta de este delicioso hongo que se ha visto lastrada, además, por la total inexistencia de trufas naturales.
No obstante, el cultivo de la trufa lleva pocos años extendido y muchas de las labores que se desarrollan siguen el esquema clásico del ensayo-error antes de dar frutos y ello se traduce en que labores y técnicas que dan resultado en determinadas circunstancias no sirven en otros momentos, algo que ha quedado patente en esta temporada que ahora se acaba en que muchas de las plantaciones truferas orientadas al sur se agostaron con las altas temperaturas y la fuerte insolación del pasado verano, lo que ha incidido negativamente en el volumen de producción final.
«Ha sido una temporada rara y corta, pero que se ha hecho larga», resume Héctor Vilas, un joven trufero ribagorzano, haciéndose eco de una opinión generalizada en todo el sector. La misma que suscribe el presidente de la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa de Aragón, José Vicente Girón, para quien ha sido una campaña «bastante complicada, incluso mucho más de lo que se esperaba al comienzo». Una temporada, reconoce, «para olvidar», con muchas parcelas que ya dejaron de dar trufa a comienzos de enero.
Esta circunstancia se reflejaba perfectamente en el postrer mercado grausino de la temporada, donde eran muy escasas las trufas ofertadas porque, literalmente, no había más disponibles. Eso sí; seguían manteniendo el precio por encima de los mil euros el kilo en que se han instalado durante buena parte de la campaña.
«En reglas generales, esta temporada hemos tenido una trufa de una calidad media a unos precios estratosféricos en todas partes porque la producción ha sido también muy escasa en Francia e Italia y hemos tenido una demanda desaforada que ha empujado la cotización hacia arriba», explica Girón, apuntando que, encima, cada vez son más los mercados que se le abren a la trufa en países como Arabia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Australia o China.
El presidente de los truferos se lamenta de estos precios ya que la asociación que preside ha apostado desde el primer momento por democratizar el consumo de la trufa intentando sujetar la cotización. «Preferimos ampliar la base de consumidores y somos conscientes de que eso se logra con una política de contención de precios, algo que ha sido imposible este año por la escasa producción y la altísima demanda», concluye.
El restaurante del Gran Hotel Benasque fue el encargado de ofrecer las habituales tapas trufadas que acompañan la celebración del mercado grausino en esta última jornada en la que la animación fue menor de lo que suele ser habitual ya que las lluvias que hicieron acto de presencia en la tarde sabatina no animaron a muchos de los habituales a acercarse hasta la Plaza Mayor grausina para despedir esta extraña temporada trufera.

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