El sector de la trufa se muestra esperanzado ante el inicio de la nueva campaña trufera

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El inminente inicio de la campaña de trufa en el curso 2021-22, que arranca oficialmente este 15 de noviembre, está siendo esperado con mucha expectación por un sector que ha vivido una complicadísima situación durante los meses más duros de la pandemia debido al cierre de la hostelería nacional e internacional que es el habitual destino de hasta un noventa por ciento de la producción de este exquisito hongo.
Por ello, la paulatina reapertura de los establecimientos hoteleros y la reactivación de otros mercados complementarios –a expensas de lo que pueda ocurrir con posibles rebrotes de la Covid-19- se está viendo entre los truferos como un símbolo de la imperiosa recuperación de esta actividad que estaba viviendo en la época prepandémica un notable desarrollo.
«Lo cierto es que estamos viviendo estos días con expectación de que se materialice la vuelta a la normalidad, de poder trabajar con tranquilidad, de poder sacar adelante los distintos proyectos en que estamos embarcados…», confirma el presidente de la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa de Aragón, David Royo quien señala que la próxima campaña se va a ver mediatizada por la complejidad en lo climático de los meses de primavera y verano, con escasas precipitaciones en buena parte de las tierras de media montaña y somontano en que se cría la trufa que van a redundar en una merma de la producción. A pesar de ello, apunta que donde ha llovido o se han podido regar las plantaciones de truficultura las perspectivas «son halagüeñas».
Y ello en un contexto en el que las demandas de producto se están disparando, tanto desde España como, sobre todo, desde unos mercados internacionales en los que Francia, Italia y, cada vez más, Estados Unidos o los países asiáticos copan la mayor parte de la producción española. Abundando sobre este aspecto, Royo comenta que «ya este verano se notó mucho el incremento de la venta de trufa en conserva y de la propia trufa de verano, que antes tenía mucha menos salida, lo que demuestra que hay muchas ganas de consumo de trufa fresca y, en este sentido, tenemos muy buenas expectativas». Una situación que está animando a unos productores que se encuentran estos días «calentando motores» y dispuestos a recuperar los meses perdidos por la pandemia.
Dentro de esta paulatina recuperación de una cierta normalidad, los truferos pretenden también retomar distintas actividades de divulgación y promoción de la trufa que se habían consolidado en años anteriores como una excelente herramienta para quitarle a la trufa el sambenito de producto elitista y vedado al común de los consumidores. Royo comenta que se está preparando el programa de la que será la segunda edición de la Feria de la Trufa de Graus a celebrar el 11 de diciembre, certamen que supondrá el arranque del Mercado Semanal de la Trufa Fresca en esta villa ribagorzana. Un mercado que se pretende convocar a partir de entonces con normalidad todos los sábados salvo las fechas navideñas, aunque puede itinerar por distintas localidades altoaragonesas, que es algo que se está barajando en estos momentos. Capítulo aparte merece el tradicional programa de Trúfate que llevará en esta ocasión la trufa altoaragonesa a la capital de la provincia y a Barcelona en dos fechas todavía por determinar.
No obstante, estos días previos al inicio de la campaña son unas jornadas de ilusión para unos truferos que, como sostiene Royo, esperan poder sacar las primeras trufas de la tierra «y poder confirmar las previsiones que tenemos». «Son unas fechas de intriga y de nervios porque, aunque la temporada empieza oficialmente el 15, no será hasta dentro de un par de semanas cuando empecemos en serio a mover el producto». Por ello, aún es muy pronto para hablar de precios porque, aunque la demanda se está incrementando y recupera poco a poco niveles prepandémicos -«pero todavía no sabemos cuánto»- apuntan el presidente de los truferos-, en estos momentos no hay datos fiables sobre la perspectivas en las distintas zonas españolas, francesas e italianas que concentran la práctica totalidad de la producción mundial de la trufa negra.
Antes de la pandemia se habían puesto en marcha distintos proyectos para propiciar la colaboración de las distintas zonas truferas aragonesas y englobar sus esfuerzos bajo el paraguas de la Marca Trufa Negra de Aragón, indispensable para crear una futura Denominación de Origen Protegida con la que se haga valer la importancia de nuestra región en este sector ya que aquí se obtiene más de la mitad de la producción mundial de la trufa negra, aunque de momento sin ningún tipo de reconocimiento oficial. «Es un proyecto en el que hemos seguido trabajando, que avanza un poco más lento de lo que hubiéramos deseado pero en el que tenemos puestas muchas esperanzas no sólo por lo que puede suponer para el reconocimiento de nuestra trufa sino por el valor añadido que van a generar los proyectos de comercialización y transformación del producto que esta DOP va a impulsar», sentencia Royo.

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