Pese a que las ferias tradicionales tienen la ineludible labor de reinventarse para afrontar los retos de un siglo XXI que está periclitando a toda velocidad los modos económicos de antaño, hay algunas que se resisten a perder un protagonismo ganado a pulso desde los albores de la Edad Media. En Ribagorza, el caso paradigmático es el de la grausina Feria de san Miguel que, tirando de los galones que le da el haberse venido convocando ininterrumpidamente desde 1201, mantiene su enorme poder de convocatoria y se vive con gran intensidad en la villa ribagorzana.
Algo que volvió a repetirse este pasado fin de semana en la doble cita de la Feria Caballar celebrada el sábado y el domingo y de la feria generalista que volvió fiel a su cita con el 29 de septiembre llenando las principales arterias grausinas de variopintos puestos feriales con una ecléctica oferta comercial en la que destacaban, por lo que tiene también de tradicional en este certamen ferial, los de cebollas y ajos.
Su capacidad de atracción, que ha sufrido escasa merma, es lo que hace especial una feria capaz de congregar a centenares de personas y que ayer, en una muy agradable jornada en lo climático, deambularon por las calles de Graus “enferiándose” en alguno de los ochenta puestos feriales que mostraban una amplia selección de productos textiles y de alimentación, ropa de vestir e interior, calzado, alfombras, menaje del hogar, artículos decorativos o para las labores agrícolas, juguetes y los más variados cachivaches. Tampoco, queda dicho, faltaron las ristras de ajos y cebollas expuestas tanto en la placeta de Barcelona como en la calle del Barranco.
Esta año, el certamen tuvo complemento durante todo el fin de semana con la celebración de la XV Feria Caballar que propuso una programación variada, atractiva y pensada, como siempre, para todos los públicos. Complemento desde 2001 de la feria generalista, la Feria Caballar se desarrolló en el recinto ferial habilitado en las instalaciones del Centro Deportivo y, como es habitual en las últimas convocatorias, constó este año de una parte expositiva y de venta de ganado equino y mular –en ferial se dieron cita 40 cabezas de ganado equino procedentes de las provincias de Huesca y de Lérida- y de otra parte de entretenimiento con variados exhibiciones y espectáculos.
La Feria Caballar nació para conmemorar el octavo centenario de la Feria de San Miguel, con la vocación de complementar el certamen generalista y de recuperar la vocación ganadera original de este encuentro ferial que llegó a ser uno de las más importantes de España. En sus primeras convocatorias tuvo periodicidad anual pero problemas financieros aconsejaron convocarla cada dos años, pero en las últimas tres ediciones ha recuperado la antigua cadencia.
Lo ha hecho con renovados ánimos y con unos intensos programas; el de este año tuvo uno de sus momentos álgidos en la concurrida celebración del espectáculo ecuestre de Florin Harabor y su demostración de volteo cosaco, posta húngara y doma en libertad.





















