Lascuarre vive su feria como una celebración de la convivencia

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En una jornada muy agradable en lo climático pese a las negativas predicciones meteorológicas, centenares de vecinos de las localidades del entorno se acercaron este sábado a Lascuarre para disfrutar de un delicioso día de feria. Esta localidad ribagorzana celebraba su tradicional certamen de San Martín, uno de los más antiguos de cuantos tienen lugar en Aragón, y la convocatoria volvió a dejar patente su indiscutible poder de convocatoria para los ribagorzanos. Desde primeras horas de la mañana, el ferial situado tras la iglesia parroquial fue un incesante ir y venir de gentes llegadas desde toda la comarca para compartir con los lascuarrinos una jornada plenamente festiva.
La animación fue en aumento a lo largo de la mañana en este certamen que, como recuerda José Luís Lloret, el alcalde anfitrión, se ha convertido cada vez más en un punto de encuentro lúdico y emotivo de las gentes del territorio que trasciende del aspecto ferial de la convocatoria.
Las tradicionales hogueras en las que se asan las viandas para degustar con parientes y amigos que son parte consustancial de esta feria volvieron a recuperar su protagonismo; el mismo que el del tradicional juego de El Cacho que recuerda el paso por la localidad de los turroneros ambulantes en los días previos a la Navidad.
Lascuarre ha sabido preservar esta feria sin interrupción desde el siglo XII pese a la pérdida de población y de importancia económica que la localidad ha sufrido en las últimas décadas. El empeño de sus habitantes en conservar una de sus señas de identidad más queridas ha permitido que esta antigua villa ribagorzana sea, posiblemente, la población más pequeña de España que conserva y sigue convocando sin interrupciones un certamen ferial de estas características.
Para ello la feria se ha tenido que ir reconvirtiendo y adaptando a los profundos cambios económicos y sociales que se han vivido en la zona.
Como recuerda la concejal de Cultura, Susana Vigo, la feria se basaba históricamente en la compra y venta de ganado, principalmente ovino y caprino, y era además el punto de encuentro de los habitantes de las poblaciones vecinas que acudían a Lascuarre a comprar ropas y alimentos para un periodo de tiempo prolongado, habida cuenta de la inminencia del invierno y lo difícil de los desplazamientos en esa estación en una época no tan lejana.
Ahora, respondiendo a las nuevas costumbres y a las distintas demandas económicas y sociales, la feria ha ido evolucionando desde su vocación ganadera original a la muestra de los productos artesanos y la venta de ropa, alimentación y utensilios diversos. El guiño a los orígenes se mantiene con una exposición de diversas especies de animales de cría y de recreo.

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