En una iniciativa llevada a cabo por la Asociación de Vecinos del Barrichós, el grausino Portal de Chinchín –la principal puerta de entrada a la localidad desde la época medieval- ha recuperado este pasado fin de semana la figura de San Victorián que durante muchos siglos ocupó la pequeña hornacina que se sitúa sobre la puerta de entrada a la villa. Una figura que simbolizaba la vinculación de Graus con el monasterio asanense dedicado al santo en la localidad sobrarbense de El Pueyo de Araguás que fue clave para la introducción del rito romano en el Reino de Aragón y del que esta villa fue su posesión más preciada.
Este Portal de Chinchín o Puerta de Barbastro –por salir desde aquí el camino que conducía a la ciudad del Vero- ha sido reformado en numerosas ocasiones. El actual se realizó en el siglo XVI y bajo la hornacina figuran tanto la fecha de la finalización de los trabajos, 1589, como el escudo de la villa en el que se incluyen tanto las gradas simbólicas que le dan nombre como las mitras y báculos de los abades de San Victorián como señores del lugar.
No se sabe exactamente cuando desapareció la talla original, aunque los más mayores de la localidad recuerdan que durante muchos años se encontraban junto al portal unos restos de la escultura con los que jugaban los niños. Tampoco hay documentación gráfica que permita recrear la obra original y por ello el escultor Jesús Abizanda que se ha encargado de la nueva talla ha tomado como referencia los retratos del santo que figuran en el retablo de la iglesia abacial, conservado actualmente en la catedral de Barbastro, y el de una tabla procedente de Graus y que en ahora se expone en el Museo Diocesano. Especialmente en el primero de ellos en el que San Victorián enarbola el báculo que le distingue como abad del monasterio de Asán.
El propio Abizanda trazó ante los numerosos asistentes al acto una semblanza de este santo de origen italiano, compañero y discípulo del patrón de Europa y del monacato San Benito, que nació a finales del siglo V y, tras diversas vicisitudes, se hizo anacoreta en la gruta de la Espelunca desde donde, en loor de santidad ya en vida, fue reclamado por los monjes del, entonces, monasterio de San Martín de Asán. Allí fallecería años después del 551, pues en esta fecha figura como testigo del testamento del diácono y futuro obispo de Osca Vicente.
Ahora, la nueva talla en piedra arenisca de floresta, de reducidas dimensiones y con un peso de 53 kilos, preside en la puerta de acceso a Graus su recuerdo recuperando su lugar en la hornacina en la que su imagen dio la bienvenida durante muchos siglos a los lugareños y visitantes de esta villa ribagorzana.
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