Roda revive el robo de su catedral con la muerte de Erik el belga

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La muerte del célebre ladrón de arte sacro Erik el belga, fallecido este viernes en Málaga a los 80 años de edad, no ha sido muy lamentada por los vecinos de Roda de Isábena donde una de sus “hazañas” arrasó con el legado patrimonial que atesoraba la catedral de San Vicente. Su banda arrasó hace ahora cuatro décadas con el importante legado patrimonial que el templo rotense había salvaguardado de numerosas guerras y saqueos previos en un robo que causó una profunda conmoción en la localidad y que todavía es recordado con mucho dolor por los vecinos.
Las crónicas de la época hablaban de una relación de objetos –varios de ellos únicos en su género-que haría las delicias de cualquier perista y entre los que se encontraban, según las informaciones periodísticas, “una silla de tijera, en madera esculpida, del siglo IX, llamada de san Ramón; la arquilla de san Valero, dos mitras del siglo XII, dos báculos episcopales del mismo siglo, uno metálico y otro en marfil; un tapiz, una campana del siglo XIV; varios cuadros de los siglos XVI y XVII, varias telas y sudarios de los siglos X y XII de origen visigótico y árabe; varios utensilios de plata góticos; dos casullas del siglo XVI; un libro de coro en pergamino; una cruz de madera tallada del siglo XVII; una imagen de la Virgen del siglo XVIII; una arqueta reclinatorio; dos peines de marfil del siglo XII y una capa encarnada del siglo XVII”.
Unos años después del robo, imbuido de espíritu ecuménico y deseando representar físicamente ese perdón a las ofensas que pregona el cristianismo, el carismático párroco de Roda José María Lemiñana invitó a Erik el belga a una polémica visita que no acabó de ser entendida por los vecinos ni por la opinión pública aragonesa. Además del perdón, Lemiñana perseguía con este encuentro lograr la colaboración del saqueador para intentar recuperar parte del botín obtenido. Y algo debió colaborar ya que tiempo después de su estancia se hicieron públicas algunas pistas sobre determinadas piezas robadas de la catedral.
Aún así, en la actualidad se ha recuperado una parte ínfima de lo saqueado, con algunas de las obras devueltas en unas lamentables condiciones. El ejemplo más ilustrativo es lo ocurrido con la singular silla de san Ramón, un mueble de tijera único en Europa datado en el siglo IX, que la banda troceo para poder vender mejor y del que ha vuelto a Roda tan sólo una parte y con grandes desperfectos. Y otras piezas recuperadas han regresado con muchas renuencias, como la talla de San Ramón, que después de su recuperación tardó mucho en volver a su lugar de origen y lo hizo tras numerosas demandas de los rotenses o –es el caso del tapiz de San Ramón- se guardan en Huesca para asombro de las gentes de Roda y contento de quienes desde Lérida y el resto de Cataluña se empeñan en eternizar la devolución de los bienes religiosos de las parroquias aragonesas y que ven en lo de este tapiz una justificación para seguir manteniendo su negativa al regreso del patrimonio retenido en tierras ilerdenses.

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