Un santo en cada casa de Peralta de Alcofea

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Julia Allué de casa Almanzor con santa Teresa de Jesús y santa Rita.

-Dicen que no van a caber las imágenes en la iglesia. ¿Qué sabes?

Julia Allué pregunta a su alcaldesa mientras limpia unas imperceptibles motas de polvo de santa Teresa de Jesús- porque si no las quieren-continúa decidida- yo les hago una capilla en casa.

La alcaldesa sonríe y responde:

-Eso depende del arquitecto y del cura, pero en cuanto sepa algo te lo dijo.

Y así nos despedimos de Julia Allué y de casa Almanzor. Bajo su custodia cuidan las imágenes de santa Teresa de Jesús que es suya, es decir, la compró la difunta tía Paz y la regaló a la iglesia y santa Rita regalo de casa Tío León. Una casa ya cerrada pero emparentada con ellos.

El 16 de febrero se vació la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción en Peralta de Alcofea porque era inminente el inicio de la restauración del templo tras 20 años de espera. Y mientras el templo recupera su estética original románica, los santos y vírgenes que cobijaba se han convertido en un huésped querido y venerado en 15 casas de la localidad. Acompañada por la alcaldesa, Obdulia Gracia, las visitamos en una fresca mañana de septiembre.

La Virgen del Carmen recala en Casa el Manco por devoción familiar. Nos reciben Anabel Suelves y su madre Josefina. Esta virgen fue un regalo de la casa a la parroquia y tal era la devoción que el día de su fiesta cerraban la carnicería que regentaban y todos, mayores y pequeños de la casa, junto a los de Casa El Droguero asistían a la misa del 16 de julio.

En Casa Juan José de Antolín descansa la virgen del Rosario. Pillamos a Carmina López en los preparativos de un viaje al sudeste asiático y en su casa, de cuyas coloristas paredes cuelgan cuadros de artistas contemporáneos aragoneses, en un rincón lleno de luz encontramos a la virgen del Rosario.

-Me hace mucha compañía y rezo aquí-y la coge con ternura de la mano para la foto- La he colocado en el dormitorio que ocupaban mis padres junto a las participaciones de boda de mis padres y la mía y el recuerdo de mi primera comunión y también la de mi madre.

En Casa Naval, María Isabel deja por unos momentos de arreglar las flores para llevarnos a un salón de la casa. Ahí, en un lugar preferente, aparece la virgen Niña. La misma imagen que conocen tantos peraltenses por haberles acompañado durante sus años de infancia en la escuela.

Encarna Esteban, de Casa Gambau, guarda con profundo cariño el San Antonio que compró Celedonia Escartín de Casa La Molinera. “Está conmigo que tengo más espacio pues corresponde a la casa de mi joven”. Y nos despedimos, dejándola prepara la comida.

La siguiente parada: la casa de María Esperanza Buisán. Ella está exultante por acoger a santa Águeda. “Siempre oí decirle a mi madre-que hoy tendría 100 años- que esta imagen la habían comprado las mujeres de Productos”.

– ¿Mujeres de productos?- pregunto sin entender las palabras.

-En el camino hacia Barbastro, a unos tres kilómetros podrás ver un edificio de adobe abandonado y caído. Ahí se levantaba la fábrica de productos del hogar: jabones, chocolates… donde trabajaron muchas de nuestras madres. Un año, ellas regalaron la imagen a la iglesia. Eso se lo he oído contar a mi madre muchísimas veces.

Esta compra de las mujeres de Productos la corroboran en otras casas. Porque para los de Peralta es con sencillez, Productos. Y ahí está la patrona de las mujeres, en el salón de María Esperanza siendo partícipe de las comidas familiares y de las noticias del telediario.

Nuestra ruta continúa con la visita a Primi Gallardo. San Juan Evangelista y el Sagrado Corazón de María, de buen tamaño, te dan la bienvenida a la casa. “Se quedaban de las últimas y me las traje”.

San Roque, otro santo que ha regresado a casa, a Casa Bravo. A Pilar Mata la sacamos de la cocina y con gusto nos enseña dos imágenes, la de la iglesia y la pequeña hornacina en el mueble del salón “lo tenemos siempre en casa”.

Ya en Casa Ramontoro, entramos en un recio y clásico salón. Con piano, gruesos libros y aire solemne. El Santo Cristo llena el espacio. Emerge en una escena casi teatral. No desentona. A él le acompañan un san Francisco Javier (de Casa Polo y también de paso) y dos imágenes de vírgenes propiedad de la familia. Mª Pilar Godé explica que sus abuelos compraron el Cristo en la cruz para la iglesia y da detalle de los desperfectos de la talla. Hace unos días estas casas recibieron la visita del párroco, Manolo Bibián, y del delegado de patrimonio de la diócesis de Huesca, José María Nasarre para ver las figuras y su estado de conservación.

La virgen del Pilar se encuentra en el recibidor y a pares en la casa de Pilar Puértolas. Hay devoción. Una, la figura grande de la iglesia y a su lado, otra más pequeña (pero aún así de considerable tamaño) comprada como agradecimiento por haberse curado Jesús de una grave enfermedad.

Y de la virgen del Pilar a san Sebastián. Este mártir, uno de los más venerados en la Iglesia Católica, se quedó el último y lo recogió Maribel Escudero. Lo instaló en el salón de su casa, pero para evitarle el trajín de las fiestas y comidas en familia, lo retiró a una habitación donde aguarda su nuevo destino en la iglesia.

Esperamos a Mari Carmen Ferrer en la puerta de su casa, Casa el Rulo, frente a la iglesia. “Nos hace mucha ilusión-declara gozosa- Cuando, hace años hubo obras en el coro, la abuela Irene la trajo a casa y ahora otra vez. La visitamos mucho”. En el salón, y señalada su presencia por la infatigable luz de una lamparilla, emerge la humanidad de la virgen Dolorosa. Durante unos meses “una más en la familia”, comenta.

Nos cruzamos el pueblo para acudir a Casa Peirón. En la planta baja, Paquita Cavero nos muestra al Niño Jesús. La gran casa, que conserva ese aire antiguo con el que el paso de los años señala las cosas, arropa y da calor al pequeño Niño.

La ruta llega a su fin. Sólo quedan dos visitas más. “¿Quién es ese señor-preguntó la pequeña Chloe a su abuela cuando vio la imagen? La habitación está a oscuras, pero antes de que Mari Fe dé al interruptor, la lucecita descubre la presencia del Sagrado Corazón de Jesús en casa de Martín López. “Ay, cuánta compañía hace”. Y descubrimos a otra vecina a la que no le importaría nada quedárselo por más tiempo.

Última parada, san José. Tras varias llamadas a lo largo de toda la mañana, podemos encontrarnos con Josefina Lasarra. “Lo tengo por devoción, llevo su nombre”. Y comentamos las obras de restauración de la iglesia.

– Dicen que está quedando muy bonita y que han desechado la pilar bautismal.

– Me han explicado que era pequeña y no tenía valor artístico-respondo- Van a buscar otra más acorde con la iglesia.

– Sí, lo entiendo, pero dese cuenta de que es lo que hemos conocido toda la vida y ahora lo cambian…

Nos despedimos. Tras unas intensas horas de hospitalidad e inmersión en la piedad popular llego al coche. Al sentarme y relajar mi mente, pienso en la visita a Peralta de Alcofea, el calendario y recuerda el día… y recuerdo el día que es… mi santo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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