Como viene ocurriendo desde hace ya casi treinta años, el primer domingo de agosto los antiguos vecinos de San Lorenzo de Castigaleu (o San Llorenç, como es conocido en la zona) volvieron a llenar de voces y presencia humana las calles de este núcleo ribagorzano abandonado a comienzos de la década de los sesenta del pasado siglo.
Más de sesenta antiguos residentes y sus descendientes acudieron este año a la llamada del reencuentro en una reunión que acabó en torno a una bien surtida mesa plantada en el espacio de la que fue la Plaza Mayor del lugar.
Previamente se había celebrado una ceremonia religiosa, manteniendo la costumbre establecida desde que se instituyó esta reunión, que supuso la bienvenida a unos asistentes que por unas horas devolvieron la vida a unas calles habitualmente vacías y recuperaron con el reencuentro antiguos lazos de amistad y vecindad en una jornada festiva que reunió a gentes llegadas desde varios pueblos ribagorzanos, de Barcelona, Madrid y, sobre todo, de Lérida, que fue donde acabaron recalando buena parte de los habitantes de este lugar de la Ribagorza.























