Han pasado ya unos días pero todavía se sigue hablando en Graus del excelente ambiente vivido en la pasada edición de la feria de San Miguel.
Y eso que las ferias tradicionales ya no son lo que eran tan sólo treinta años atrás. Las nuevas costumbres y posibilidades de comercio han supuesto una auténtica revolución en los usos de compras y ventas que se ha traducido en una progresiva pérdida de importancia de este tipo de certámenes. Pero algunas de ellas se resisten a desaparecer; en algunos casos especializándose y en otros tirando de galones y de poder de convocatoria.
Su capacidad de atracción, que ha sufrido escasa merma, es lo que hace especial la feria de San Miguel de Graus, uno de los certámenes feriales más antiguos de cuantos se conservan en España con sus más de ocho siglos de historia ininterrumpida, que se vivió este año con una especial intensidad en esta villa.
Centenares de personas deambularon a lo largo de toda la jornada por las calles grausinas y se “enferiaron” en alguno de los ochenta puestos feriales que mostraban una amplia selección de productos textiles y de alimentación, ropa de vestir e interior, calzado, alfombras, menaje del hogar, artículos decorativos o para las labores agrícolas, juguetes y los más variados cachivaches. Tampoco faltaron las ristras de ajos y cebollas expuestas en la placeta de Barcelona, cuya venta es también característica de este certamen otoñal grausino.
Son, concretamente, ochocientos quince los años que separan la concesión a los monjes de San Victorián por parte del rey Pedro II de la potestad de trasladar la feria que se celebraba desde unas décadas antes en San Pedro de Tabernas a la villa de grausina que ya por entonces se había consolidado como un importante nudo de comunicaciones y de servicios y era la joya de la corona de las posesiones del cenobio situado a los pies de la Peña Montañesa.
Desde entonces, el ferial de San Miguel ha sido uno de los más importantes del Alto Aragón como punto de encuentro para los tratantes de caballos y de mulos, animales fundamentales en la economía rural y aún urbana hasta bien sobrepasada la mitad del pasado siglo XX, y de aquellos necesitados de hacerse con alguno de estos animales para el trabajo en el campo o para su servicio personal.
Con la mecanización del campo, la feria de San Miguel se reinventó y se convirtió en un certamen generalista que no ha perdido pujanza con el paso de los años y que sigue mostrando una variopinta oferta comercial en la que es una jornada plenamente festiva para Graus y las localidades más próximas.























