Como ya ocurriera el año pasado, las estrictas medidas de afluencia, control y seguridad marcaban este miércoles la celebración de la tradicional Feria de San Miguel de Graus. Bien es verdad que algo más relajadas que entonces, porque la situación sanitaria ha mejorado y normativa y protocolos se permiten un cierto respiro, pero el certamen no llegaba ni de lejos al número de puestos feriales habituales por el esponjamiento en la instalación y ubicación de los feriantes –que limitaba el espacio útil en la zona que acoge tradicionalmente el recinto ferial- y la huida del fomento de unas aglomeraciones todavía indeseadas y que no conviene propiciar.
A pesar de estas limitaciones, la feria ha vuelto a ser un espacio de encuentro, de reunión, de gentes procedentes de toda la comarca ribagorzana y de los territorios vecinos y ha recuperado el marcado tono festivo que acompaña siempre su celebración. Desde primeras horas de la mañana, numerosas personas de todas las edades comenzaban a recorrer el espacio delimitado para la convocatoria ferial –que, con las referidas limitaciones, recuperaba su habitual ubicación a lo largo de la totalidad de las calles del Barranco y Salamero- y comenzaban a curiosear, y comprar, en los más de cincuenta puestos que ofertaban una variopinta propuesta de plantas y flores, alimentación, salazones y encurtidos, bisutería, juguetes y regalos, cuchillería y productos de ferretería, menaje del hogar, calzado y ropa.
Pero a nadie se escapaba que el fantasma del Covid-19 sigue gravitando sobre la vida cotidiana, y más en un Graus que ha vivido en las últimas semanas el tremendo susto del brote desatado que ha afectado a buena parte de los residentes y trabajadores de la Residencia de Mayores. Controlado éste y en proceso de reversión que está devolviendo poco a poco la normalidad al centro, el ayuntamiento y los grausinos procuran por todos los medios que la situación no se repita con el resto de la población y ello ayudaba este miércoles a que se respetaran escrupulosamente las medidas planteadas de control de aforos al recinto o el recorrido de un sentido de marcha del Norte hacia el Sur de la feria para evitar o minimizar posibles aglomeraciones puntuales.
Aprovechando la experiencia del certamen celebrado el año pasado, como organizador de la feria, el consistorio había diseñado desde días atrás un amplio operativo para controlar la afluencia de personas, comenzando por el vallado y delimitación del propio recinto -con sendos accesos de entrada a la altura de la Glorieta de Joaquín Costa y de salida en las inmediaciones del Portal del Convento- y siguiendo por el control permanentemente de estos accesos para evitar aglomeraciones en su interior y por el diseño de un recorrido unidireccional de los feriados, evitando así la formación de tapones y de concentraciones humanas.
Situaciones atípicas que no restaban un ápice la fuerza evocativa y el aire festivo que tiene siempre este certamen de San Miguel, una de las ferias más antiguas de cuantas se celebran en Aragón –ya que sus orígenes en Graus se remontan a 1201, cuando bajó desde el monasterio de San Pedro de Tabernas donde se celebraba hasta entonces- y que, históricamente, fue de las más importantes del antiguo Reino. Ahora, en este 2021 que lucha por recuperar una normalidad post-covid para la que aún queda camino, su versión “mini” ha vuelto a mostrar el enorme poder de convocatoria que mantiene y la estrecha relación de los grausinos con esta feria que simboliza como ninguna la vocación comercial y de punto de encuentro de las gentes más diversas que ha marcado desde siempre el devenir de esta villa ribagorzana.
Cabe recordar que la situación pandémica obligaba al Ayuntamiento a desconvocar la Feria Caballar que acompaña y complementa habitualmente el programa de la feria generalista. No obstante, el concejal responsable del área de Comercio y Turismo, Julián del Castillo, señalaba días tras que se está estudiando convocar a mediados de octubre una actividad de tipo cultural relacionada con esta histórica vinculación que convirtió al certamen grausino en una de las ferias nacionales de referencia en los tratos de compraventa de ganado equino hasta bien entrada la década de los sesenta del pasado siglo, en que la progresiva mecanización del campo hizo perder importancia a la fuerza animal en las labores agrícolas.
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