Avanzan con éxito los trabajos de recopilación de la toponimia del Sitio Patrimonio Mundial Pirineos Monte Perdido

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El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, como socio del proyecto INTERREG-POCTEFA Pirineos Monte Perdido Patrimonio Mundial 2 PMPPM y con financiación de este programa europeo, impulsa una investigación centrada en la recopilación del Patrimonio Inmaterial asociado al Sitio Patrimonio Mundial Pirineos Monte Perdido, en su parte española, y especialmente, a profundizar en el conocimiento de su toponimia popular y tradicional.

Tras una primera fase de entrevistas etnográficas, en los últimos meses se ha trabajado de un modo más intenso en la segunda fase: la recopilación de la toponimia del Sitio mediante la realización de 20 entrevistas a informantes.

El Patrimonio Cultural es un concepto muy amplio que abarca un gran número de aspectos. Entre ellos, uno de los más importantes es la Toponimia, encuadrada dentro del llamado Patrimonio Inmaterial. La toponimia está formada por todos aquellos nombres que identifican accidentes geográficos de carácter natural (picos, valles, lagos, cascadas, cuevas, etc.) y también los que se refieren a elementos del paisaje ligados a la actividad humana (senderos, puentes, molinos, mallatas, ermitas, etc.). Considerando que gran parte del patrimonio inmaterial corre grave peligro de desaparición, dada la acelerada despoblación del territorio, el envejecimiento de la población, el abandono de usos tradicionales o la globalización, la toponimia es uno de los conocimientos tradicionales que están desapareciendo a mayor velocidad.

Conscientes de esta realidad y dada la urgencia por rescatar el mayor número posible de topónimos, se está desarrollando el trabajo de recogida de este patrimonio tan desconocido, que ha pasado de generación en generación.

Para ello, ha sido necesario diseñar un proceso específico de trabajo y dotarlo de diferentes materiales gráficos y cartográficos. El estudio de la toponimia no solo consiste en crear un listado de nombres, sino que resulta esencial ubicar cada uno de ellos en el mapa y de la forma más precisa posible a través de sus respectivas coordenadas geográficas.

El inicio del trabajo se ha centrado en la recopilación de diverso material cartográfico, revisión de estudios previos y la creación de un archivo fotográfico. Dada la complejidad orográfica del territorio, con infinidad de paredes verticales, fajas colgadas, pozas en la profundidad de los cañones, cuevas de difícil acceso, etc., resulta inviable acceder a estos lugares. Por ello, y con el fin de dar solución a estas limitaciones, ha sido necesario llevar al domicilio de los informantes todo el material fotográfico y cartográfico, utilizando para ello un ordenador.

Antes de comenzar la fase de entrevistas, ha sido indispensable la ayuda y colaboración de muchas personas que han aportado los contactos de quienes conocen esta materia. En la mayor parte de los casos se trata de personas mayores que pasaron su infancia y juventud viviendo en su pueblo de origen, trabajaban de pastores, realizaban labores agrícolas, cazaban y pescaban, o sacaban madera del bosque. También se ha entrevistado a personas más jóvenes que, con gran interés y cariño, han hecho lo posible por salvaguardar el conocimiento de sus mayores.

Entre diciembre del pasado año y marzo de 2020, se ha realizado un total de 20 entrevistas en diferentes localidades, estando situadas la mayoría de ellas en el entorno del Sitio Patrimonio Mundial. Son Javierre, Tella, Escalona, Puyarruego, Bestué, Sercué, Fanlo y Torla pero también Aínsa, Barbastro y Monzón.

Todos estos trabajos vinculados con la toponimia han sido realizados por el geógrafo Nacho Pardinilla, que forma parte del equipo técnico formado por Atelier de Ideas S.Coop, entidad encargada del desarrollo del proyecto. Se ha contado, asimismo, con el apoyo y seguimiento técnico de Elena Villagrasa, directora del Parque Nacional, así como de Mercedes Souto, integrante del personal técnico de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón.

Gracias a la realización de las entrevistas realizadas hasta el momento, se ha podido recopilar un total de 1.300 topónimos, muchos de ellos no registrados en la cartografía ya publicada o en otros estudios previos.

En cada entrevista se ha tratado de recoger el mayor número posible de topónimos (cuando se trata de áreas o accidentes geográficos de mayor extensión) y también de microtopónimos (cuando se refieren a lugares muy concretos y de escasa dimensión). Siempre se ha tratado de rescatar la versión más tradicional o genuina, es decir, aquella que era utilizada de forma habitual por los habitantes del territorio hasta la década de los 50 ó 60, cuando se dio el mayor éxodo de población a las ciudades.

También se han registrado las posibles variantes para referirse a un mismo lugar pues hay que tener en cuenta que existe una diversidad lingüística en el territorio y que varía en función de los pueblos y valles. Un ejemplo lo encontramos con el conjunto de cumbres de Monte Perdido, ya que recibe diferentes denominaciones: Tres Sorores, Treserols o Treseroles, siendo todas ellas correctas.

Además de anotar los nombres de los lugares, es fundamental ubicarlos de forma precisa, tanto en las fotografías como en los mapas. Al tratarse de una orografía tan compleja, no es posible visualizar todos los puntos en las áreas más escarpadas, de manera que para solventar este problema ha sido necesario recurrir a las fotografías tomadas sobre el terreno y desde diferentes puntos. Una vez que se han identificado los puntos y áreas, con sus respectivos nombres, se ha procedido a su geolocalización y su incorporación en un Sistema de Información Geográfica (S.I.G.). De este modo, se ha obtenido una base de datos espacial que contiene toda la información ligada a cada punto.

Aparte del propio interés que tiene esta recopilación de toponimia, hay que destacar la excelente respuesta de todas las personas que, de un modo u otro, están colaborando en el estudio. Todas ellas consideran que este trabajo es muy importante, necesario y urgente, pues son conscientes de la gran cantidad de información que ya se ha perdido y de la que puede desaparecer en los próximos años.

Además, las entrevistas realizadas a las personas informantes poseen otro valor añadido, invisible y que no se puede plasmar en fichas o mapas. Se trata de la alegría y satisfacción que han sentido al tener la oportunidad de compartir sus conocimientos y saberes, revivir sus recuerdos del pasado y comprobar que sus vidas de trabajo y esfuerzo reciben un digno reconocimiento. A ello hay que sumar la emoción que han sentido al recordar momentos, vivencias y lugares de su infancia y juventud, que pasaron en sus pueblos de origen, en los puertos ganaderos durante el verano, en aquellas jornadas de caza y pesca, etc.

A pesar del gran número de nombres registrados, hay que tener en cuenta que gran parte de los topónimos utilizados hasta los años 40 del pasado siglo se han perdido para siempre, ya que nadie los registró y quienes los conocían han fallecido.

Mientras que en la actualidad nos referimos a los lugares mediante coordenadas X e Y, registrados con un GPS, un teléfono móvil o un programa informático, décadas atrás, los habitantes de estas montañas utilizaban su propio “sistema de geolocalización” basado en la utilización de topónimos. Mientras unos se refieren a áreas muy amplias, como el Puerto de Góriz o la Montaña de Sesa, otros identifican lugares muy precisos, como por ejemplo Japaniacha, Espluga Furno o Mallo d’as Pedreñas.

A través de este trabajo, quien lo desee tendrá acceso a la ubicación precisa de muchos lugares con nombres tan sonoros como Gorgueta Vallicarca, Puente Caixicarellas, Espluqueta Tandetardes, As Palizas, Cullumiana, Collata lo Lobo o Canal de Cricratacrac.

Hay lugares que fueron testigo de hechos poco conocidos, como lo que sucedió en O Grau as Novias, un barranco profundo y muy pendiente del Cañón de Añisclo. Ocurrió que un músico de Buerba con su acordeón tomó la ruta más corta, pero también la más difícil y peligrosa, para ir a las fiestas de Escuaín donde debía tocar. De camino, el pobre hombre se perdió, se le echó la noche encima y los vecinos de Escuaín tuvieron que salir con teas encendidas para orientarle y socorrerle.

El día de San Antón, los niños de Revilla acudían hasta la explanada denominada Laturio, junto a la Peña d’a Faixa. Una vez allí saludaban con los trucos y cencerros a los niños del pueblo de Escuaín, que hacían lo mismo desde la Punta o Castiello.

También se han recogido varios ejemplos de reloj solar, es decir, puntos rocosos de la montaña que eran observados durante el día para conocer la hora, en función de cómo el Sol los iba iluminando: Peña Mediodía para los de Escuaín y Revilla, el Garró del Diablo para los de Vió y Buerba, o la Faixeta Mediodía y la Peña o Reloj para los de Bestué.

El proyecto ha sido cofinanciado al 65% por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) a través del Programa Interreg V-A España-Francia-Andorra (POCTEFA 2014-2020). El objetivo del POCTEFA es reforzar la integración económica y social de la zona fronteriza España-Francia-Andorra. Su ayuda se concentra en el desarrollo de actividades económicas, sociales y medioambientales transfronterizas a través de estrategias conjuntas a favor del desarrollo territorial sostenible.

 

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