En todas las encuestas que se hacen en España, en Europa y prácticamente en todas las naciones desarrolladas, la inmensa mayoría de la población opina que la práctica deportiva es un hábito excelente para la salud, sin embargo apenas llega al 30% la población que declara practicar de manera regular, al menos dos o tres veces por semana.
Pero esta percepción, que es de carácter general en la sociedad actual, es un error mayúsculo. Muy al contrario de lo que se piensa, la práctica deportiva cotidiana supone, en un alto porcentaje de practicantes, un serio riesgo para la salud. Tan solo los deportistas muy concienciados y con buena cultura física son capaces de practicar deporte y mantener e incluso mejorar su salud, pero esto no ocurre con la inmensa mayoría de practicantes.
La práctica deportiva comporta con mucha frecuencia altas probabilidades de sufrir lesiones y contusiones de diverso grado: golpes, esguinces, rozaduras…, en general no existe la necesaria buena costumbre que hace que un deportista prepare sus músculos y ligamentos antes y después de cada práctica.
Cuando la práctica es de carácter competitivo, aunque pueda resultar más divertida y emocionante, el riesgo de lesión aumenta de modo alarmante. Esta situación es tan propia del deportista profesional que compite al máximo nivel (por ejemplo, los jugadores de fútbol de primera división están constantemente lesionados o recuperándose de alguna lesión, es más, en condiciones normales muchos de ellos compiten infiltrados o tomando fármacos para recuperar alguna dolencia) como de los deportistas aficionados, puesto que el carácter del enfrentamiento y el esfuerzo que supone resulta igualmente peligroso para su integridad física; la única diferencia radica en la carga e intensidad del entrenamiento semanal de cada uno de ellos.
Una persona que practica algún deporte de manera regular tiene que ser especialmente cuidadosa con los riesgos que asume, debe saber así mismo, que por el hecho de ejercitarse de modo intensivo su cuerpo se comprime mucho más que el de cualquier otra persona. Todos estamos sometidos a la compresión que ejerce diariamente la fuerza de la gravedad de la tierra, pero esta presión ejercida especialmente sobre las articulaciones se multiplica cuando la ejercitación comporta el aumento de la masa muscular, pues el músculo al aumentar de volumen se acorta, y al hacerlo, somete a los tendones, ligamentos y huesos a una presión adicional.
¿Qué ocurre en estos momentos para que millones de personas en todo el mundo estén equivocados? La paradoja de nuestro tiempo histórico consiste en que la práctica deportiva, aún suponiendo un riesgo para la salud, es de hecho una vacuna excelente para la peor plaga actual: el sedentarismo. Cualquier práctica deportiva, por peligrosa que resulte, será siempre mejor que permanecer sentado todo el día.
Actualmente los seres humanos permanecen gran parte de las horas de vigilia sentados: viendo la televisión, frente al ordenador, en un velador, en la mesa de trabajo, conduciendo un automóvil…, lo que genera problemas de adaptación en todo el cuerpo a partir de estar una hora o más sentado. Es por esto que existe la necesidad de descomprimirse y estirarse diariamente.
Pero a su vez la ejercitación física diaria sin la necesaria preparación previa (abrir las articulaciones y tonificarse) y sin la restauración posterior (recuperación, descompresión y estiramiento) resultan prácticas poco o nada saludables. De modo que ejercicio físico diario si, pero siempre de carácter sostenible, prepararse antes y recuperarse adecuadamente después.
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