El frío en Ribagorza y sus protagonistas. Jorge Mayoral e Ignacio Campo

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A los pies del Aneto y del macizo de La Maladeta, abierto a los aires del norte, el Hospital de Benasque se encuentra a 1.800 metros de altitud y es una de las zonas habitadas más frías del Pirineo. Una circunstancia que no arredra a sus residentes, que estos días viven esperanzados la llegada de las primeras nieves de la temporada.
Jorge Mayoral, gerente del Hotel de Hospital, comenta que el pasado verano ha sido «excelente» en lo turístico, con unos notables índices de ocupación hotelera ya que ha hecho una muy buena temperatura y se han vivido pocos días problemáticos en lo climatológico. Pero confiesa que, ya avanzado el otoño, estaba «deseando» que cayeran las primeras nieves. Por eso, el manto blanco que comienza a cubrir el entorno del Hospital ha sido muy bien venido ya que estas primeras nevadas han llegado en el momento oportuno para ir enfriando el terreno e preparando la temporada invernal en la que las Estación de Esquí Nórdico de los Llanos del Hospital tiene depositadas grandes esperanzas.
«Es una buena señal que la nieve haya caído tan pronto», sostiene Mayoral recordando que todas las estaciones invernales tienen como objetivo abrir para el puente de la Inmaculada y la Constitución y que estas primeras nevadas, además de enfriar el suelo y servir de base para que cuajen posteriores precipitaciones, «crean la sensación de ambiente de esquí». El brusco descenso de temperaturas está permitiendo también que estaciones de esquí alpino como la de Aramón-Cerler hayan podido poner en marcha el sistema de innivación artificial.
Para Mayoral, como para el resto de la gente habituada a él, el frío se vive «con toda la naturalidad del mundo». Su presencia es consustancial al hecho de vivir en la montaña y los residentes están habituados a enfrentarse a él y a disfrutarlo. «En el Hospital las máquinas están dispuestas, las calefacciones funcionan, hemos limpiado las chimeneas para prevenir posibles sustos, se han renovado las instalaciones que lo requerían y nos hemos preparado para disfrutar de los próximos meses», comenta este hotelero que se ha puesto ya en contacto con el ayuntamiento de Benasque para que empiece a tratar la carretera y evitar que se formen placas de hielo y que hace unas recomendaciones «de sentido común» a residentes y visitantes como tener la prevención de poner anticongelante en los vehículos, ser respetuosos y cuidadosos con los estados del firme en sus desplazamientos o vestir la ropa adecuada para combatir las bajas temperaturas.
Otra cara del invierno y sus consecuencias para las gentes de la montaña es la que puede representar Ignacio Campo, responsable de la empresa de transportes Pirineos 3000, quien reconoce que el frío, las nieves y los hielos suponen un inconveniente en los desplazamientos y que condicionan y encarecen el transporte público.
No obstante, Campo se felicita del que considera como un «gran éxito» ya que a partir de este invierno los autobuses podrán transitar, con determinadas condiciones, por los tramos de carretera con nivel rojo en los que existe la obligación de usar cadenas y en los que se impedía el paso de los vehículos de transporte escolar y los de transporte de pasajeros. Una circunstancia que generaba múltiples inconvenientes y que motivó numerosas protestas en las zonas de montaña.
A partir de ahora, los autobuses equipados con neumáticos de invierno en todas sus ruedas y con un sistema de telemetría específico podrán circular por estos tramos, lo que, como reconoce Campo, «supone una muy buena noticia para transportistas y usuarios» pero que tiene como contrapartida negativa que conlleva unos gastos añadidos como el «elevado» coste de las ruedas motrices.
«Trabajar en invierno en la montaña supone además otros gastos como la necesidad de unas instalaciones para guardar la flota de vehículos de las inclemencias meteorológicas, la incidencia de las bajas temperaturas sobre la electrónica de los automóviles o el gasto en su calefacción», apunta este empresario.
Capítulo aparte es el del propio hecho de conducir en condiciones climatológicamente adversas que, recuerda Campo, genera siempre una cierta tensión «por muy acostumbrado que estés a ellas» y que hace que muchos conductores no habituados lo pasen realmente mal.
La limpieza y adecuación de las carreteras es otro de los aspectos a tener en cuenta. El empresario considera que en Ribagorza esta es una asignatura pendiente de la DGA «por temas de funcionamiento burocrático» ya que los tramos dependientes de Fomento de la N-230 y la N-260 comienzan antes a ser atendidos en la campaña de prevención invernal y los trabajadores del ministerio pueden actuar con mayor diligencia en los momentos en que son necesarios.

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